No se vale orar con las manos vacías

Deuteronomio 16:16 Reina-Valera 1960 (RVR1960) Tres veces cada año aparecerá todo varón tuyo delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere: en la fiesta solemne de los panes sin levadura, y en la fiesta solemne de las semanas, y en la fiesta solemne de los tabernáculos. Y ninguno se presentará delante de Jehová con las manos vacías.

He escrito acerca de este tema muchas veces, pero entiendo como imperante el seguirlo haciendo, nos debe de quedar claro el tema de la oración y nos debe de quedar más que claro el sentido de la misma, de modo que no nos sigamos perdiendo la parte más importante y más benéfica de nuestra relación con Dios.

Para muchos el entablar una relación con Dios trata de orar y por orar entienden el pedir a Dios cosas que no saben si en realidad recibirán y creen que con eso y dar gracias de vez en cuando basta, pero sabe, las respuestas a sus oraciones serán tan mediocres como el empeño que pongan en dichas oraciones y perdone que use el término mediocre, pero para muchas personas el puro hecho de pensar en orar ya le causa conflicto y fatiga, y aún así esperan tener resultados sobrenaturales.

Tener una relación con Dios implica conocer a Dios y saber quien es Él, no solo querer sentir lindo y recibir cosas agradables de cuando en cuando, para muchos eso implica un gran “compromiso”, pero en realidad no tienen idea de la dimensión de dicho compromiso ya que ignoran que el autor de la fe, es decir Dios mismo ya lo hizo todo, solo necesita que le amemos y cuando digo amemos, se refiere a conocerlo para poder amarlo.

Ahora bien, conocer a Dios, quiere decir que sabemos las cosas que le agradan, que estamos dispuestos no a sacrificar lo que nos gusta por hacer cosas “buenas” de las que no tenemos entendimiento, sino a dejarnos transformar de regreso a su imagen y semejanza a dar de lo que recibimos y a multiplicar lo que cae en nuestras manos, pues esa es justamente la naturaleza de Dios y ninguna otra.

Es por eso que Dios dio estas 2 instrucciones tan específicas mencionadas en la cita de hoy, el asistir no solo como individuos sino como pueblo de manera formal y planeada a la presencia de Dios 3 veces al año (en el caso de esta cita) conmemorando el cambio de identidad específico que Dios hace en nosotros y la transformación del propósito que nos dio.

Segundo, entender que somos parte de su Reino y que la naturaleza de Dios es dar y para demostrar nuestro agradecimiento tenemos no que dar gracias sino demostrar que somos hechos a su imagen y semejanza de modo que nuestra naturaleza sea el dar también, pero así como Dios no nos da cualquier cosa, nosotros tenemos que actuar de la misma manera, es por eso que Dios nos demanda que no nos presentemos delante de Él con las manos vacías, sino que hagamos las cosas como Él las hace, planeadas, premeditadas, organizadas y con gran excelencia.

En la iglesia que tengo el privilegio de pastorear siempre se los digo, el asistir a la iglesia el domingo no sustituye la oración matutina, por el contrario, es el momento de la oración del domingo donde hacemos un exhaustivo recuento de las bondades de Dios para poder llevar un poco de agradecimiento auténtico a su presencia, hacemos un recuento de las cosas buenas que hay en nuestro corazón para llevar de lo mejor como una ofrenda y no solo nuestra presencia y escogemos los mejores halagos y alabanzas para entregar a nuestro Dios de manera que no solo estemos sino podamos subir a donde él habita con gran libertad y nos gocemos en su presencia.

Hace unas semanas alguien muy cercano a mi corazón me dijo una frase que no me deja de dar vueltas en la cabeza y el corazón me dijo “el solo permanecer no aporta nada a una relación”, eso quiere decir, que ser parte de una iglesia, el llamarnos “católicos” o “cristianos” no tiene ningún valor si nunca nos hemos esforzado por aportar algo al Reino, si nunca hemos ido a la presencia de Dios llevando verdaderamente lo mejor de nosotros y teniendo la consciencia de que estamos ante el ser más asombroso del universo entero, y que a pesar de que no necesita nada de nosotros se complace en que reflejemos su naturaleza de constante, ¿lo había pensado?

Es así cuando podemos darnos cuenta que el orar es mucho más que pedir, tiene una trascendencia mucho más completa y real que solo recibir algo bueno que nos confirme el amor de Dios y nos valide como “buenos” hijos, sino nos hace entender que es lo sobrenatural nuestro diario acontecer y el lugar donde habitamos y no el mundo que nuestros ojos ven.

Rene Giesemann
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¿Menciona la Biblia el noviazgo?


A continuación estudiaremos una pregunta que se hace frecuentemente entre el pueblo de Dios, y dice: Soy evangélico y he leído un poco la Biblia ¿Me puede decir si la Biblia habla acerca del noviazgo, y cuáles son los requisitos para llegar a hacer un buen noviazgo?

Trataré de contestarle a la luz de la Palabra de Dios para que usted sienta mayor satisfacción. En primer lugar, permítame decirle que sí, la Biblia habla mu­cho del noviazgo, aunque no lo menciona en los términos que se usan actualmente.

El término “novio” es relativamente mo­derno y no está en los escritos del libro sagrado; pero sí, la Biblia tiene mucho que decir con relación al tema.

En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia, como a novio me atavió, y como a novia adornada con sus joyas. (Isaías 61:10)

Reunid al pueblo, santificad la reunión, juntad a los ancianos, congregad a los niños y a los que maman, salga de su cámara el novio, y de su tálamo la novia. (Joel 2:16)

En la Biblia se mencionan situaciones en donde las parejas que sentían amor entre ellos formalizan una relación y se casan. (Ejemplo: Jacob y Raquel en Génesis 29), sin embargo no se menciona la palabra “noviazgo”. Es importante que sepas como utilizar este término,

A nuestro alrededor hay tantos casos de personas que intentaron un noviazgo, pero un noviazgo muy diferente a lo que menciona en la Biblia. Los noviazgos actuales no son mas que caricias y besos pero más con un sentido erótico, con el deseo sexual más latente por las caricias previas,  pero que terminaron en el fracaso.

La Biblia establece algunas bases para la formación de una amistad que tiene como fin el matrimonio. La principal es que esto se realice en la voluntad de Dios. Dios tiene un plan muy especial para cada uno de nosotros, y El desea que ordenemos todas nuestras decisiones de acuerdo a su perfecta voluntad.

La segunda base es que ambos compartan la misma fe cristiana. La Biblia dice:

No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? (2 Corintios 6:14)

Y hace énfasis en el punto de la comunión entre la luz y las tinieblas: “¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?”

Allí usted verá que Dios desea que al formar un hogar lo hagamos con personas que compartan nuestros principios y convicciones cristianas, cualquier otra elección sería un desatino, pues la Biblia es clara con respecto a este tema.

Muchas personas tienen la creencia que no importa la unión en yugo desigual. Piensan que al final la otra persona se convertirá, pero es triste ver la cantidad de fracasos que tenemos debido a no obedecer lo que dice la Palabra de Dios.

La tercera base es que exista un verdadero amor entre las personas que se pretenden. Que no sea solamente conveniencia o simpatía, o solamente una atracción física que lleva más a una relación sexual y no a un verdadero aprecio y amor. Esto se puede ver solamente con el paso del tiempo y a medida que se van conociendo. Uno no debe precipitarse a una decisión antes de tiempo.

Sea paciente y permita que Dios, en su soberana voluntad, le indique cuál es la persona con quien usted debe establecer ese noviazgo. Sobre las bases que he mencionado se puede formar una relación cristiana y agradable a Dios.

El noviazgo es una preparación para el matrimonio.

Elsy Vega
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¿Eran anatemas los seguidores de Jesús?

Juan 15:18 A 16:4

Estas cosas os he hablado, para que no tengáis tropiezo… viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios. Y harán esto porque no conocen al Padre ni a mí. Juan 16:1-2

El Señor Jesús nos advierte con toda crudeza sobre la realidad adversa, que nos puede envolver dentro de esta sociedad en la que Dios nos permite que vivamos.

Jesús no quiere que nos sintamos defraudados, al vernos odiados por el mundo y per­seguidos por la Gran Sinagoga o por otras formas de religión, que el hombre inventó para aquietar su “ego” perplejo ante lo desconocido.

Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes os he elegido del mundo, por eso el mundo os aborrece. Juan 15:19

Jesús nos ha elegido del mundo para que llevemos mucho fruto (v. 16). Este fruto no proviene del hombre sino del espíritu que Dios da a todo aquel que es de la fe de Jesucristo. Y el espíritu con sus frutos de amor, paz, bondad, testifica en el creyente que las obras del mundo (que se dan en todo hombre que no tiene la fe de Jesucristo), son malas, por eso el mundo aborrece al creyente como aborreció a Jesús. Así lo dice Jesús:

“A Mí me aborrece, porque Yo testifico de él, que sus obras son malas” (Juan 7:7).

Y lo que a primera vista podía ser para el creyente causa de tristeza y amargura, Jesús le llama:

“Bienaventurados cuando los hombres os aborrezcan, y cuando os aparten de sí, y os vituperen, y desechen vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre. Gozaos en aquel día, y alegraos, porque he aquí vuestro galardón es grande en los cielos” (Lucas 6:22-23).

Cuando recibes el vituperio, el aborrecimiento y que tu nombre suena como un anate­ma dentro de la Gran Sinagoga, se te hace tensa en el rostro la manifestación de esa alegría y gozo en el espíritu, al ver cumplidas en tu presente las palabras proféticas del maestro. Y percibes como un bálsamo en lo más profundo del alma, las palabras del apóstol que lloró amargamente por no poder soportar el vituperio:

“Si sois vitu­perados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros” (1 Pedro 4:14).

Lo que para nuestra propia naturaleza sería motivo de llorar amargamente, el Señor nos dice que es motivo de gozo y alegría, y garantía de que el glorioso espíritu de Dios reposa sobre nosotros.

“Si a Mí me han perseguido – dice Jesús – también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi Palabra también guardarán la vuestra” (v. 20).

Es imposible en este mundo que, quien acepta a Cristo como su único y perfecto Salvador, no sea perseguido como Cristo mismo fue perseguido. Si esto no lo tene­mos claro, puede sucedemos como a la semilla que fue sembrada entre pedregales; quienes al oír la Palabra, la reciben con gozo, pero al venir la aflicción o la persecu­ción por causa de la palabra, luego tropiezan (Mateo 13:21).

Por eso Jesús también dice: “Bienaventurado el que no halle tropiezo en mí” (Mateo 11:6).

Este es el argumento fundamental de todo este pasaje que nos presenta el Señor en Juan. Jesús nos advierte de los obstáculos que podemos encontrar en esta vida de fe en él, para que jamás decaiga nuestra fe.

El apóstol Pedro nos exhorta en el mismo sentido diciendo:

“Amados, no os sorpren­dáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os acon­teciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo” (1 Pedro 4:12-13).

Lo que para el hombre natural será siempre un motivo de amargura, para el nuevo hombre en Cristo es gozo y alegría. En todo esto tiene un papel fundamental, el Consolador, el Espíritu de Verdad. En medio de todo este aborrecimiento y odio hacia el testimonio de Cristo en el creyente, se hace absolutamente necesaria la presencia del Consolador. Jesús conoce nuestra condición humana y sabe que nuestro testimo­nio sería imposible sin el Espíritu de Verdad. Por eso es esencial saber que en todas las situaciones diarias contamos con el Consolador. No tendrá, pues, mucho sentido llorar desconsolados. ¿O es que no confiáis en las promesas del maestro? Ya que Jesús nos advierte una vez más:

“Estas cosas os he hablado, para que no tengáis tropiezo” (16:1).

El griego utiliza el verbo “scandalizo” que en nuestro idioma podemos tradu­cir por: escandalizar, ofenderse, llamarse a engaño, desconfiar. O sea, que cuando nos sucedan todas esas cosas de las que el Señor nos ha advertido, no nos escandalicemos ni nos ofendamos, ni nos llamemos a engaño, ni mucho menos desconfiemos del Señor. En una palabra, que todo esto no sea tropiezo para nosotros.

Ya que la situa­ción puede ser tan extrema que “cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios” (16:2).

Uno no se explica cómo los hombres podemos llegar a ser tan religio­samente crueles e hipócritamente necios, si uno de los mandamientos principales de la ley de Dios, a quien se piensa rendir servicio con la muerte del prójimo, dice:

“Amarás al prójimo, como a ti mismo”.

¿Cómo se puede dar esta absurda monstruosidad en una iglesia que se llame cristiana? Pero, ¿por qué Señor, por qué la misma Iglesia Católica, en la que yo he sido forma­do, entregó a la muerte a tanta gente pensando que te rendía o rinde servicio a ti?

La respuesta escuchada de tus propios labios, Señor, me deja más atónito todavía:

“Porque no conocen al Padre ni a mí” (16:2).

Todo aquel que aborrece a su hermano, odia al prójimo o mata al que no piensa como él, poniendo como excusa el servicio a Dios, ni conoce a Dios de quien dice ser ser­vidor, ni a Cristo de quien tanto habla.

Por eso, amigos, examinémonos a nosotros mismos si estamos en la fe de Jesucristo, no sea que nuestra propia conducta esté proclamando que no se conoce a Dios como padre ni a su hijo como único y perfecto salvador. Por lo demás, tengamos plena seguridad en su Palabra:

“El Señor es mi Luz y mi Salvación, ¿de quién temeré?. El Señor es la Fortaleza de mi vida, ¿de quién he de atemorizarme?” (Salmos 27:1).

José Alberto Vega
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La diferencia entre dar gracias y ser agradecidos

Salmos 100:4 Nueva Traducción Viviente (NTV) Entren por sus puertas con acción de gracias; vayan a sus atrios con alabanza. Denle gracias y alaben su nombre.

Amar a alguien es una de esas cosas que por más que se digan, no tienen el mismo efecto y no se vuelven reales hasta que una persona decide tomar acción y demostrarlo, antes de eso, por mucho que se “sienta”, no tiene validez pues la persona objeto de ese amor no lo entiende como algo real, pues no se ha demostrado cual es el alcance de ese amor.

En otras palabras, no es lo mismo decir que amamos a alguien y mandarle flores, a hacer ese detalle que marque la diferencia, ese gesto que haga que la otra persona entienda que no es solo un sentimiento, sino una manera de vivir, de manera que esa persona decida hacer lo mismo y decida enamorarse y vivir una relación de amor con aquel o aquella que está dispuesto a mostrar su amor y a respaldar sus palabras con hechos tangibles que tengan como resultado un amor recíproco, más no dependiente.

Pero si alguien decide amar a otra persona y sólo decírselo sin respaldarlo con obras, ese amor puede causar desprecio, indiferencia o amargura.

Es por eso que Dios entiende la fe como una expresión de amor, pues uno no puede creer en alguien a quien no conoce (Dios por ejemplo), y tampoco puede amar a quien no conoce, de modo que Dios mismo nos declara que la fe sin obras es muerta (Santiago 2:17), no podemos decir que creemos en Dios y que lo amamos, a menos que estemos dispuestos a demostrarlo con actos tangibles que den testimonio de nuestra fe, al grado que Dios nos asegura que sin fe, es imposible agradarle (Hebreos 11:6).

Muchas personas oran a Dios pidiéndole cosas todo el tiempo hasta que llegan a un punto que les remuerde la consciencia y deciden no solo pedirle cosas sino también agradecer y es donde la cosa se pone interesante, pues empiezan a dar gracias por cosas que no están seguras que vengan de parte de Dios, como el amanecer, la salud y muchas otras cosas, y no es que no pueda ser así o que no se deba, pero en ocasiones sólo lo hacen porque lo creen correcto, pero en realidad no hay una intención de agradecer, sino de acelerar el paso del agradecer a regresar a pedir para poder por fin recibir eso que anhelan, ¿lo ha pensado?

Y esto sucede de tal manera que deciden agradecer solo de labios y no con el corazón, pues Dios mismo espera que nuestro agradecimiento sea no una palabra, sino como el agradecimiento un acto, por eso lo llamó en su palabra “acción de gracias”.

Esto nos hace ver que no es lo mismo “dar” gracias que tener una actitud agradecida, pues la actitud agradecida nos abre las puertas a la presencia de Dios, nos hace alabar y adorar, pues tiene que ver con nuestra relación activa con ese Dios que no solo nos puede dar las cosas que pedimos sino es la fuente de todo bienestar que podamos tener o experimentar y con esto no me refiero sólo a lo físico, sino a lo emocional y lo espiritual.

El agradecimiento es algo como la fe, nos mueve, nos genera actitudes, pero por mientras sea algo que solo salga de nuestra boca es algo que nos blanquea como un sepulcro, que está muerto por dentro, pero por fuera nos hace ver lindos, lo ha pensado?

Es por eso que la cita de hoy me emociona, si lo nota, el agradecimiento no viene solo, no es algo aislado, viene acompañado de una forma de vida que nos provoca no ser recíprocos, pero si observar las prioridades e intereses de aquel a quien agradecemos.

Nos encontramos en esa semana donde los amigos de Estados Unidos celebran la “Acción de Gracias” y creo que sería una celebración digna de adoptarse, pero no solo la última semana de noviembre, sino como parte permanente de nuestra vida, de modo que nos abra las puertas de la presencia de Dios y empecemos a observar su gran comisión como parte de nuestra manera de vivir y expresar nuestro agradecimiento al Dios que está vivo, pues reina y gobierna en nosotros, ¿cómo ve?

Rene Giesemann
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¿Qué hacer cuando el matrimonio está deshecho?

¿Qué hacer cuando el matrimonio parece haber terminado? ¿A dónde ir cuando las tentativas por salvarlo son inútiles? ¿A quién pedir ayuda cuando el sueño se transforma en pesadilla?

El evangelista San Juan relata un incidente en la vida de Cristo que con certeza es el secreto para edificar hogares felices. Este incidente se vuelve actual porque nunca en la historia de la humanidad, la familia se ha visto tan amenazada como hoy. Los jóvenes llegan al casamiento escondiendo dentro de la manga la posibilidad del divorcio.

Constantemente dialogo con personas heridas cuyos hogares fracasaron. Son personas que un día entraron en una iglesia, delante de amigos y familiares, para declarar públicamente que se amaban. Todo parecía un sueño; el vestido de novia, los padrinos y las damas de honor. La iglesia adornada con flores, la música de la orquesta y el brillo de los ojos fueron un marco inolvidable.

Pero de repente, casi sin percibirlo, el sueño se convierte en pesadilla. Peleas y muchas veces indiferencia, se tornan cotidianas. Los pasos siguientes son la desconfianza, la infi­delidad y la traición. Finalmente todo acaba en divorcio.

Las estadísticas son crueles. Dicen que de cada 100 casamientos, 45 terminan en divorcio. Quedan 55, de los cuales 40 no se separan porque les falta valor para enfrentar una separación. Están juntos por la presión social, finan­ciera, religiosa o familiar, viviendo bajo el mismo techo, pero entre ellos sólo existe incomprensión e indiferencia. De los 15 restantes, 10 son más o menos felices y apenas 5 afirman que son verdaderamente felices.

Hay algo más sorprendente en las estadísticas. Estas indican que esos 100 matrimonios se realizaron porque los novios querían ser realmente felices. Por lo tanto, ante los números, tenemos que llegar a la conclusión de que para ser feliz en el matrimonio, no basta querer serlo, porque si de eso dependiese, las 100 parejas lo serían.

Además, por lo menos 95 de esas 100 parejas se casaron amándose mucho. Se aman tanto que muchas veces van en contra de los consejos de los padres y de seres queridos. Aquí nuevamente, ante los catastróficos resultados mos­trados por las estadísticas, llegamos a la conclusión de que para ser feliz en el matrimonio, no basta que los novios se amen mucho, pues si de eso dependiese, al menos 95 de esas parejas serían felices.

¿Qué debe hacerse entonces para edificar matrimonios felices y duraderos? El relato bíblico que mencionamos nos da el secreto. El texto afirma que hubo un casamiento en Caná de Galilea al cual Jesús y sus discípulos fueron invitados. Felices son los hogares que invitan a Jesús para que esté presente en su experiencia de la vida diaria. En realidad, para que un matrimonio sea feliz no se precisa solamente de una mujer y un hombre. Es necesaria una tercera persona: Jesús. Solamente él es capaz de quitar del amor humano la mancha miserable del egoísmo que lo corrompe todo.

Esto puede parecer duro, pero desafortunadamente, nuestro amor humano, por más puro y limpio que parezca, es egoísta. ¿Quieres ejemplos? Un hombre afirma que ama a su esposa, pero un día descubre que ella le fue infiel y el amor se acaba. El padre declara que daría la vida por su hijo, pero un día el hijo golpea el rostro de su padre, y éste le muestra la puerta de la calle. Así es el amor humano; sólo da cuando recibe. Es algo inconsciente, pero está entretejido en la estructura humana y solamente Jesús es capaz de darle al hombre un corazón que ame como él amó.

Analiza por ejemplo la vida de un personaje imaginario que llamaremos Sebastián. A los 20 años conoce a una bonita joven de 18. Es linda, con ojos hermosos, piel sua­ve, cabellos bien cuidados, labios llenos de vida y cuerpo atractivo. Sebastián siente que la ama. Haría cualquier cosa por hacerla feliz. Es sincero y cree que su amor es puro. Se decide y pide su mano para casarse.

Los años pasan. Vienen los hijos. Ahora ella tiene 48 años y él tiene 50. La belleza y los atractivos de la juventud se fueron. El cuerpo de ella ya no tiene más esa forma de sirena, y la piel ya no es tan suave. Carga hoy las marcas implacables del tiempo y de la vida consagrada a su marido y a sus hijos.

Un día, Sebastián conoce una joven de 25 años, bonita, de piel suave y cuerpo atractivo. De repente comienza a sentirse atraído por ella. Tal vez al principio luche contra este senti­miento, pero finalmente llega a la conclusión: “yo amo a esta joven”. Entonces le declara su amor: “te amo tanto que estoy dispuesto a terminar con un matrimonio de 30 años por ti”. Y tal vez sea sincero, pero esto no es sino amor humano. En el fondo, lleva siempre la mancha del egoísmo.

Por eso, en las bodas de Caná, los novios tuvieron la brillante idea de invitar a Jesús para que estuviese presente en sus vidas. Estaban iniciando su matrimonio de la única manera que una relación puede sobrevivir: entregando el control de todo a Aquel que nunca falla.

A estas alturas surge una pregunta. ¿La presencia de Jesús en el casamiento es garantía de que nunca habrá dificultades? ¿Puede la embarcación del matrimonio que tiene a Jesús como piloto, atravesar un mar tempestuoso? ¿Pueden existir momentos en que parezca que el barco va a naufragar? ¿Puede faltar algo dentro de la familia en la que Jesús está presente?

Mira lo que el texto bíblico afirma: “De repente el vino se acabó”. En aquellos tiempos, el vino era símbolo de alegría y de abundancia. No se podía imaginar una fiesta sin amigos y sin vino. Si por ventura alguien ofrecía una fiesta en la que el vino se acababa, la familia pasaba una vergüenza sin medida. Pero el texto afirma que en aquella fiesta donde Jesús estaba presente: “el vino se acabó”.

¿Sabes? La presencia de Jesús en la vida de una pareja no la libera de sus responsabilidades. Cuando una pareja se une en el sagrado estado del matrimonio, cada uno llega trayendo su personalidad, su cultura y su propia historia. El matrimonio es una escuela donde los alumnos nunca se gradúan. Es un aprendizaje continuo. Es un estado de crecimiento que incluye renuncia, buena voluntad, compañerismo, perdón y muchas veces lágrimas. Es un proceso de adaptación que lleva tiempo. En ese proceso, muchas veces “se acaba el vino”, puede haber momentos críticos, puede hasta darse la impresión de que la embarcación va a naufragar. Pero, si Jesús está presente, tú sabes a dónde ir. Esa es la gran diferencia. Problemas, todo el mundo los tiene. Las pequeñas crisis son hasta necesarias en todo proceso de adaptación, pero cuando Jesús es invitado al acto del casamiento, con toda seguridad, él sabrá llevar a la familia a puerto seguro.

Generalmente, la primera gran crisis aparece a los 4 ó 5 años de casados. Cuando el primer hijo nace, todas las atenciones de la pareja son dedicadas a él e inconsciente­mente, ambos comienzan a olvidar la atención y el amor que se deben el uno al otro.

Ninguna planta puede crecer saludablemente si no es regada y cuidada con regularidad. Lo mismo sucede con el matrimonio. No hay manera de que sobreviva si no se lo alimenta día a día. ¿Dónde está Jesús en todo esto? Es simple: una pareja que tiene a Jesús en su corazón, encuen­tra tiempo para la devoción y la oración. Es literalmente imposible no amarse uno a otro, cuando se ama a esa tercera persona que es Jesús. Una familia que no tiene a Cristo, generalmente pasa años sin reunirse para discutir sus propios problemas y dificultades. No me refiero a reuniones sociales para comer y reír juntos. Hablo de reuniones donde los miembros de la familia pueden abrir su corazón y expresar sus sentimientos.

Pensemos ahora en la actitud de los presentes en las bodas de Caná cuando descubrieron que faltaba vino. ¿Acaso no estaba presente Jesús? ¿Por qué no fueron a él directamente? No sé, pero sucede que a lo largo de la historia el ser humano siempre ha actuado de esa forma. El texto bíblico deja implícito que algunos buscaron a la madre de Jesús y le pidieron ayuda. Aquí se introduce la magnífica persona de la santa Virgen María. Por algún motivo, muchas personas, e incluso algunas que estudian la Biblia, tratan con irreverencia y desconsideración a la madre de Jesús. Creen que fue una mujer común como cualquier otra. Eso no es verdad. Dios no pudo haber escogido a cualquier mujer para ser la madre de su Hijo. La virgen María vivía una experiencia diaria de comunión con Dios. Qué bueno sería si hoy los hombres y las mujeres aprendiéramos a vivir como ella. ¿Acaso no predicamos sobre Juan, Pedro y otros personajes santos de la Biblia? ¿Por qué no predicamos acerca de María?

Por otro lado, existe algo delicado que debemos aprender del incidente de Caná. Por más santa y maravillosa que haya sido María, no tenía poder para resolver el problema que aquella familia estaba enfrentando. Por eso, buscó a Jesús y colocó el problema en las manos del Hijo de Dios.

Millones y millones de personas invocan hoy el nombre de la santa Virgen María esperando un milagro de ella. Son personas buenas y sinceras que en momentos de extrema necesidad claman por ayuda. Si la Virgen María estuviera viva hoy, con certeza haría lo mismo que hizo en Caná. Diría a estas personas: “hijos, gracias por confiar en mí, soy un ser humano que vive una vida especial de comu­nión con Dios, pero no dejo de ser humana. Yo conozco a alguien, sin embargo, que es divino y podrá solucionar sus problemas”, y los llevaría a Jesús.

Por más respeto y reverencia que todos debemos a la Virgen María, nuestra esperanza de salvación no puede ser depositada en ella. ¿Sabes por qué? Deja que ella misma lo diga en la oración registrada en el Evangelio de San Lucas:

“Engrandece mi alma al Señor, y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador” (S. Lucas 1:46-47).
¿Cómo podía salvar a alguien si ella misma necesitaba de un salvador? “Pero, pastor —dirás—, yo no estoy depositando mi salvación en ella, sólo creo que puede ser mi mediadora”. Entonces escucha lo que el apóstol Pablo escribió a Timoteo:

“Por­que hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Timoteo 2:4).

Personalmente siento amor, reverencia y admiración por la Virgen María. Creo que su vida fue una inspiración para las mujeres cristianas a lo largo de la historia y creo que su instrucción fue clara en las bodas de Caná de Galilea, porque llevó a las personas a Jesús y les dijo: “hagan como él les diga”.

Este consejo maravilloso de la santa Virgen María no es fácil de obedecer. Desde el Jardín del Edén, el ser humano tuvo que luchar con su espíritu de independencia. Al ser humano le gusta vivir solo. Puede estar rodeado de millares de personas, pero le gusta hacer lo que cree, siente o quiere. Por lo tanto, hacer todo lo que Jesús pide no es lógico, ni humano, sino que tiene que ser divino, resultado de la obra de Dios en el corazón, un milagro que en el lenguaje espiritual se llama conversión.

Millones de matrimonios fracasan hoy porque el corazón de sus miembros no pasó aún por este milagro divino, y en consecuencia, Jesús no controla los sentimientos ni las actitudes. Cuando el “vino falta”, el ser humano no sabe qué hacer ni a quién pedir ayuda. Un consejero matrimonial, un psicoterapeuta o un psicoanalista, una segunda luna de miel, una casa nueva, un auto o valiosas joyas, pueden ser paliativos que aplacen la muerte definitiva del matri­monio, pero en tanto que el corazón de cada miembro de la pareja no sea transformado, nada será capaz de salvar esa relación.

Conocí a Joana y a André con su hogar casi deshecho. André era un hombre mujeriego y no escondía sus aven­turas extramaritales a la sufrida Joana. Algunas veces invitaba a sus amigos en noches de sábado y organizaba noches de sexo en las cuales Joana era obligada a partici­par. Cuando Joana habló conmigo, estaba decidida a huir llevándose a sus dos pequeños hijos. “Es el único camino que me queda o moriré asfixiada”, dijo. Después continuó: “cuando no conocía el Evangelio, de alguna manera con­seguía convivir con esa situación, pero ahora que conozco a Jesús, no acepto más este tipo de vida”.

Ese fin de semana, ella habló conmigo nuevamente. “El está aquí, pastor” —me dijo con alegría—. “Espero que el Espíritu de Dios toque el corazón de mi esposo”. Y así fue. El mensaje de aquella noche golpeó como un martillo el corazón de André. La esposa vio lágrimas en los ojos de su marido. En el momento del llamado ella fue hacia el frente para abrazar a su esposo, quien fue uno de los primeros en levantarse para aceptar a Jesús.

Pasaron muchos años, y un día, al salir de un estadio después de una noche evangelística, Joana y André me abrazaron emocionados. Me hicieron recordar cuando los conocí. Me contaron que sus hijos, ahora adolescentes, estudiaban en uno de nuestros internados y que uno de ellos quería ser pastor.

No pude decirles mucho esa noche. Había mucha gente alrededor. Pero salí de allí con un nudo en la garganta y con palabras de gratitud por aquel matrimonio salvado por la gracia de Jesús.

Sí, mi amigo, hoy más que nunca es hora de mirar a Jesús cuando el matrimonio está deshecho, cuando la fa­milia está desintegrada y cuando padres e hijos no pueden ni siquiera dialogar.

El texto bíblico termina diciendo que el vino que Jesús proveyó fue mucho mejor y más sabroso que el primer vino que se había acabado. Esto es extraordinario. Si tú aún no has aceptado a Jesús, ni siquiera puedes imaginar lo que él tiene reservado para ti.

Todo el “vino” que ya has experimentado en tu vida no es nada comparado con la felicidad, la armonía en el hogar y la paz que Jesús tiene reservadas para ti y para los tuyos.

El enemigo generalmente nos ofrece primero el “buen vino”. Nos deslumbra. Existe mucho placer aparente esperando por nosotros, pero después nos deja solos, saboreando el vino amargo del peso de la culpa o de las consecuencias terribles de nuestros errores. Con Jesús todo es diferente. El te ofrece primero el vino agrio de las dificultades, luchas y lágrimas que muchas veces significa seguirlo, pero después tiene reservada para ti una vida de armonía familiar, salud, prosperidad en esta tierra y en los cielos, la vida eterna. Por lo tanto, vale la pena seguir a Jesús, vale la pena confiarle a él la dirección de la vida personal y familiar. Tú puedes invitar a Jesús para que guíe tu vida hoy. Y con él siempre tendrás ganancias.

José Alberto Vega
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Lo sencillo de una vida en Cristo (parte 10)

Marcos 16:15-18 Palabra de Dios para Todos (PDT) Jesús les dijo: «Vayan por todo el mundo y anuncien la buena noticia de salvación a toda la gente. El que crea y sea bautizado será salvo, pero el que no crea será condenado. Y estas señales acompañarán a los que hayan creído: expulsarán demonios en mi nombre y hablarán en otros idiomas sin haberlos aprendido. También tomarán serpientes en las manos y si llegan a tomar veneno, no les hará daño. Además podrán sanar a los enfermos tocándolos con las manos».

Curiosamente las personas oran mucho por sanidad de otros, pero la mayoría lo hace con cierto miedo, siempre pensando en el “¿qué pasa si no pasa nada?”, y en realidad esta pregunta viene en muchas ocasiones (no puedo generalizar) de la consciencia, como si la respuesta de Dios para esa sanidad tuviera que ver con el “status” de nuestra relación con él, pero en realidad no es así.

Curiosamente la Biblia habla más de sanidades que tienen que ver con la imposición de manos que con la oración, pues en realidad la sanidad no es algo que Dios haga, sino es algo que Dios nos envió a nosotros a hacer, como parte activa de nuestra fe, pues es el dar a otros lo que nosotros tenemos y se lo voy a explicar.

En el capítulo 3 del libro de Hechos Pedro el Apóstol se encuentra con un paralítico a la puerta del templo, éste espera una moneda de Pedro, más Pedro le dice “mírame”, es decir le pide que vea quien es, cómo actúa y cómo vive, y luego le dice “no tengo oro y no tengo plata, pero lo que tengo te doy”, y luego le impone las manos y le ayuda a levantarse.

La Biblia describe que en ese momento los tobillos y los pies del paralítico se enderezaron y se levantó de un salto, y lo primero que hizo fue entrar al templo a adorar.

Si lo nota, el paralítico entendió bien la instrucción, observó quien era Pedro y recibió la identidad que le transmitieron por medio de la imposición de manos, el paralítico vio que Pedro era un hombre de Dios y que tenía muy bien afinadas sus prioridades, de modo que estuvo dispuesto a adoptar esa naturaleza, por tanto su primer acto como persona que podía ponerse en sus pies, fue el adorar como Pedro lo hacía y como Pedro lo tenía en sus prioridades.

Es aquí donde entendemos lo que la cita nos explica, una señal de que creemos es que podemos transmitir esa fe a otros, pues estamos dispuestos a vivir de acuerdo a eso que creemos y estamos dispuestos a compartirlo, de modo que otros recibirán de la imposición de nuestras manos todo lo que haya en nosotros.

Si lo piensa, en muchas ocasiones cuando oramos por otros y en mi personal opinión en especial cuando lo hacemos por sanidad, lejos de expresar alguna verdad, solo expresamos nuestros buenos deseos delante de Dios, pero cuando imponemos las manos tenemos la responsabilidad de entregar no lo bueno que hay en nosotros, sino lo que Dios ha puesto en nosotros, de modo que podamos establecer el Reino de los Cielos en esa persona y no solo su cuerpo sea transformado, sino su manera de vivir, así como la del paralítico de Hechos 3, interesante, ¿no?

En otras palabras, es más un asunto de fe, que un asunto de buena voluntad o buenas intenciones y es por eso mismo que viene como una condicionante, es decir, es una señal que responde al hecho de que creemos y vivimos de acuerdo a ello y entonces seremos capaces de sanar cualquier enfermedad en el nombre de Jesús, desde una gripa, hasta un cáncer.

Para muchos la fe y el creer es un asunto de sentimiento, tienen la necesidad de sentir lo que creen y entienden también ese sentimiento o esa sensación es la respuesta de Dios como un “si” simulado para que creamos, pero en realidad no lo es, la Biblia está ahí para que creamos en ella aun cuando no lo sintamos, de modo que la fe active lo sobrenatural y no solo lo emocional, ¿tiene sentido lo que le digo?

Recuerde que la Biblia no es un libro que se trate de nosotros, la Biblia es un libro que describe el carácter de Dios, y entre más la leamos, más aprenderemos acerca de él y más fácil nos será tener intimidad con él, de modo que cuando seamos verdaderamente cercanos a Dios a causa de que le conocemos, podamos permitir que haga su obra en nosotros, el regresarnos a nuestro estado natural, a su imagen y semejanza y piense esto, la salud es parte de la identidad de Dios, él no conoce la enfermedad, ni la pobreza, los problemas le son ajenos, es por eso que no hace él nada por nosotros cuando estamos en esas condiciones, pero si nos puede regresar a nuestro estado original, al estado perfecto al estado donde todo es como él es.

El imponer manos para dar sanidad no es algo reservado para algunos cuantos o para los muy espirituales o especiales, la cita de hoy dice que es algo que seguirá, es decir será inevitable para cualquiera que crea y sea bautizado, Jesús mismo lo dijo, que haríamos las mismas cosas que él hizo y aún mayores si creyéramos en él (Juan 15:12), de modo que todos tenemos no sólo la oportunidad, sino la responsabilidad de llevar a cabo estas acciones, como señal de que le creemos a Dios y no solo creemos en él.

Rene Giesemann
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Lo sencillo de una vida en Cristo (parte 9)

Marcos 16:15-18 Palabra de Dios para Todos (PDT) Jesús les dijo: «Vayan por todo el mundo y anuncien la buena noticia de salvación a toda la gente. El que crea y sea bautizado será salvo, pero el que no crea será condenado. Y estas señales acompañarán a los que hayan creído: expulsarán demonios en mi nombre y hablarán en otros idiomas sin haberlos aprendido. También tomarán serpientes en las manos y si llegan a tomar veneno, no les hará daño. Además podrán sanar a los enfermos tocándolos con las manos».

La Biblia nos enseña que de lo que abunda en el corazón habla la boca (Mateo 12:34), y nos dice que debemos de cuidar aquello que dejamos entrar en nuestro corazón, pues eso puede alterar lo que pase en nuestra vida y traer consecuencias desagradables (Proverbios 4:23), y por último, nos dice que no es lo que entra por nuestros oídos lo que nos contamina, sino lo que sale de nuestra boca (Mateo 15:18), esto nos lleva a entender que debemos de tener cuidado con lo que hablamos, pues eso puede echar a perder o bien interferir con lo que Dios tiene planeado hacer en nuestras vida y tiene que ver siempre con el contenido de nuestro corazón.

Esto se lo digo, porque en la época actual, hemos perdido nuestra identidad y hemos permitido que sean todo el tiempo factores externos los que nos afecten y nos hagan cambiar de opinión y nos impiden vivir plenamente así como Dios lo pretende para nosotros.

Antes éramos educados mediante valores, sabiduría heredada de generación en generación y muchos conceptos con fundamentos que vienen de Dios, pero hoy lamentablemente no es así, la televisión es la que nos educa y nos ha hecho víctimas de todo, piénselo, hoy en día, ser infiel es una de las cosas más comunes que existen, sin embargo hemos aprendido de las películas, las telenovelas y las series que quien es víctima de una infidelidad, no tiene la capacidad de perdonar, porque ha perdido la “confianza” que tenía en su esposo(a), novio(a) o quien quiera que sea que le haya engañado, hoy en día entendemos que lo más normal en una relación entre dos personas es tener intimidad sexual, sin importar el verdadero sentido de la misma y si las cosas salen mal, simplemente abortan, porque no es el tiempo adecuado para tener hijos y así sucesivamente.

Lo que no nos damos cuenta, es que todo este tipo de acciones, van haciendo heridas en nuestros corazones, que posteriormente salen por nuestra boca y nos empiezan a contaminar a causa de ello, y es justo en ese momento que las cosa toman el sentido completamente opuesto a lo que Dios planeó.

Es por eso que la promesa acerca de los que creen y son bautizados es tan importante, note como dice “si beben algo venenoso, no les hará daño”, en otras palabras nos da la garantía física de no correr riesgos si hacemos lo que Dios nos pide, pero también nos enseña que seremos inofensibles, que no importa la situación por la que pasemos, nada podrá hacer mella en nuestros corazones y nada podrá hacer que de nuestra boca salga algo que nos pueda hacer morir espiritual, moral o emocionalmente, seremos inmunes al mundo, pues Dios hablará a nuestros corazones y nos dejará saber de donde viene cada situación difícil y cómo resolverla, de modo que nada nos afecte y tengamos siempre algo que dar, aún cuando pereciera no ser justo o pereciera que nos están viendo la cara.

Eso es precisamente a lo que se refiere la paz de la que habla la Biblia, aquella que sobrepasa todo entendimiento, el tener un corazón fundamentado en la verdad de Cristo y no en el mundo que nos rodea o las circunstancias, es por eso que tiene la condicionan “al que crea y sea bautizado”, es decir, al que conozca a Dios y decida vivir en la consciencia de quien es Él y que decida aplicar su verdad (la de Dios manifestada en la Biblia) a su vida cotidiana.

En serio, créame, la ventaja de ser a prueba de ofensas y problemas puede ser suya, todo lo que necesita hacer es dejar de creer en un Dios bonachón y crea en el Dios bueno, en aquel que le esfuerza, aquel que no quiere cosas “buenas” para usted, sino quiere actuar por medio de usted, para que no dependa de las cosas que le da, sino dependa de Él que es la fuente y para que la fuente nunca deje de dar, tiene que tener un corazón siempre limpio, siempre fresco y siempre preparado para un encuentro santo con aquel que es santo por encima de todas las cosas.

¿Cómo ve? ¿se atreve a ser inofensible?

Rene Giesemann
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¿Merecemos el honor de ser perdonados?

Este es el bosquejo del Sermón “¿Merecemos el honor de ser perdonados?” que puedes utilizar para predicar en tu iglesia o para meditar

Tema: Todos podemos arrepentirnos y levantarnos de nuevo, y recibir de Dios un milagro, y merecer ser dignos de ser llamado tu hijo

Objetivo: Enseñar sobre la gran misericordia de Dios y inmensa capacidad de perdón.

Introducción: Cuantas veces nos equivocamos en la vida y cometemos errores que nos alejan de Dios, y estamos tan fríos y resignados a vivir mal, sin la menos esperanza de recibir nuestras bendiciones y una vida mejor.

Ilustración:

Si usted se encontrara con mi hija hoy por la calle o en un centro comercial de la gran ciudad donde vive, vería a una joven de 25 años, atractiva, de 1,75 m de estatura, de cabello oscuro, con un espíritu abierto y segura de sí misma. Vive en forma independiente, sirve al Señor en su iglesia y ayuda a jóvenes menos privilegiadas en su tiempo libre.

Nada dejaría traslucir que, cuando ella tenía la edad de esas adolescentes, a partir de la escuela media y hasta fines de la escuela superior, estuvo enemistada con el mundo. En algún momento, cerca del sexto grado, decidió oponerse a las normas: vestirse al estilo «punk» (esto fue a principios de la década del 80), discutir con sus padres sin darles tregua, hacer preguntas chocantes en la escuela dominical, dejar de hacer los deberes y, con el paso del tiempo, experimentar con marihuana.

En un momento dado, estaba tan preocupado por lo que pensaría la congregación que presenté mi renuncia. «Sé que las cualidades bíblicas de un anciano en la iglesia incluyen la habilidad de manejar bien su propio hogar», le dije a la junta, «y yo no estoy seguro de seguir estando calificado para ocupar este puesto».

«Mi padre era pastor», dijo un primer hombre. «Mi hermana causó una gran cantidad de problemas en el hogar. Creo que entiendo su dolor»

Otra persona continuó: «Pastor, el hecho que esté ocupándose del problema de su hija es evidencia de que en verdad está manejando su hogar». La junta decidió que debería permanecer.

Finalmente llegó el día en que mi hija cumplió 18 años, se graduó de la escuela secundaria y se lanzó a vivir por su cuenta. En los años que siguieron, la consejería le ha ayudado a apagar su enojo interior, sentirse mejor acerca de sí misma y estar en paz con Dios. Ha vuelto a entablar amistad con su madre y su padre. Cuando hablamos por teléfono o nos visita para las fiestas, es un tiempo de gozo y cariño.

¿Qué aprendimos mi esposa y yo en el proceso?

Que Dios tiene el control de todo y que siempre nos da una segunda oportunidad

Punto 1. Todos nos equivocamos y  cometemos errores

Texto Lc 15:18-20 “Me levantaré e iré a mi padre,  y le diré: Padre,  he pecado contra el cielo y contra ti. 19  Ya no soy digno de ser llamado tu hijo;  hazme como a uno de tus jornaleros. 20  Y levantándose,  vino a su padre.  Y cuando aún estaba lejos,  lo vio su padre,  y fue movido a misericordia,  y corrió,  y se echó sobre su cuello,  y le besó”.

No importa cuan grande sea nuestro pecado siempre existe la oportunidad de ser perdonados por nuestro Padre

Punto 2. Primero tenemos que reconocer que hemos errado, que hemos fallado

Lc 15:13-14  No muchos días después,  juntándolo todo el hijo menor,  se fue lejos a una provincia apartada;  y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. : 14  Y cuando todo lo hubo malgastado,  vino una gran hambre en aquella provincia,  y comenzó a faltarle.

En esta vida quizás lo mas fácil es fallar, todos tenemos algo llamado concupiscencia, o sea el llamado a pecar, algo que está dentro de nosotros muy arraigado, por el pecado que entró al mundo por Adán.

Punto 3. Tenemos que levantarnos y tomar una decisión

Lc 15:18 “Me levantaré e iré a mi padre,  y le diré: Padre,  he pecado contra el cielo y contra ti.

No podemos quedarnos donde estamos, cuando nos equivocamos y pecamos tenemos que arrepentirnos y actuar, este joven fue inteligente pues reconoció su error y tomo la decisión de ir a su padre arrepentido y pedirle perdón.

Punto 4. ¿Quien nos da la facultad de reconocer nuestro error y nos da la mano para levantarnos?

Lc  15:1416“Y cuando todo lo hubo malgastado,  vino una gran hambre en aquella provincia,  y comenzó a faltarle. 15  Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra,  el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. 16  Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos,  pero nadie le daba. 17  Y volviendo en sí,  dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan,  y yo aquí perezco de hambre!

Primero nos viene una desgracia o mejor un tormento que llega a nuestras vidas para que nos arrepintamos y luego actúa El espíritu de Dios dándonos su luz para que veamos porque nos vino el mal.

Punto 5. ¿Cuál era el objetivo de nuestro Señor Jesucristo al narrar esta parábola?

Enseñarnos que en él hay salvación y la vida eterna, que él es ese Padre amoroso que siempre está dispuesto a perdonarnos, y que cuando un pecador se arrepiente hay fiesta en el cielo.

Lc 15:22  Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido,  y vestidle;  y poned un anillo en su mano,  y calzado en sus pies. 23  Y traed el becerro gordo y matadlo,  y comamos y hagamos fiesta; 24  porque este mi hijo muerto era,  y ha revivido;  se había perdido,  y es hallado.  Y comenzaron a regocijarse.

Punto 6. ¿Por qué Jesús hizo tantos milagros en su primera venida?

No les dijo solamente: eres sano, sino les dijo: tu fe te ha salvado.

R/ Para que creyeran y para se convencieran que él era Dios en la tierra y que solo en él hay salvación y perdón de pecados,

Punto 7. ¡Merecemos nosotros el honor de recibir nuestro milagro en este tiempo y que tenemos que hacer para recibirlo?

Lc 15:18 “Me levantaré e iré a mi padre,  y le diré: Padre,  he pecado contra el cielo y contra ti.

Punto 8. ¿Para qué nos concede Dios nuestros milagros en este tiempo.

Para que demos testimonio de él para que otras personas sean salvas, para que la gente tenga fe y crea. Y para que glorifiquemos su nombre. Jn 11:40 Jesús le dijo:¿No te he dicho que si crees,  verás la gloria de Dios?

Punto 9 y cierre ¿Cree usted merecer el honor  de que Dios le haga su milagro, y que es lo que tiene que hacer para esto?

Los milagros no son automáticos, algo tenemos que hacer nosotros para merecerlos, pero Dios nos da a todos una segunda oportunidad para arrepentirnos y nos recibe con los brazos abiertos y siempre está dispuesto a bendecirnos.

Que Dios nos bendiga a todos.

Si usted ha leído u oído este mensaje y siente que quiere cambiar su vida y comenzar una nueva viviendo en el Espíritu lo invito a que haga una oración que cambiará su vida, esta oración no significa un cambio de iglesia o de religión, significa que usted quiere ser un hijo de Dios capaz de vivir en el Espíritu. Lo invito a que haga la siguiente oración:

“Señor Jesús, yo te recibo hoy como mi único y suficiente Salvador personal; creo que eres Dios, que moriste en la cruz para perdonar mis pecados y que resucitaste al tercer día. Me arrepiento, soy pecador. Perdóname Señor. Gracias doy al Padre por enviar al Hijo a morir en mi lugar. Gracias Señor Jesús por salvar mi alma hoy. En Cristo Jesús mi salvador, amén”

Si usted hizo esta oración, usted ha nacido de nuevo, ahora es parte de la familia de Dios, pues su Palabra dice: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio la potestad de ser hechos Hijos de Dios” Juan 1:12

José Alberto Vega
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Lo sencillo de una vida en Cristo (parte 8)

Marcos 16:15-18 Palabra de Dios para Todos (PDT) Jesús les dijo: «Vayan por todo el mundo y anuncien la buena noticia de salvación a toda la gente. El que crea y sea bautizado será salvo, pero el que no crea será condenado. Y estas señales acompañarán a los que hayan creído: expulsarán demonios en mi nombre y hablarán en otros idiomas sin haberlos aprendido. También tomarán serpientes en las manos y si llegan a tomar veneno, no les hará daño. Además podrán sanar a los enfermos tocándolos con las manos».

Para muchas personas el tener fe y una relación con Dios significa (en su entendimiento y en su pensar) vivir una vida libre de problemas y sobresaltos, una vida con “paz”, es decir sin preocupaciones, a pesar de que la Biblia diga todo lo contrario.

Es por eso que me gusta mucho el leer la cita de esta serie, pues si lo recuerda dice “estas señales seguirán a los que creen”, y ahora estamos en la parte que hace alusión a tomar serpientes en sus manos y ¿qué cree?, se trata de problemas, se trata de adversidad, se trata de enfrentar retos nuevos todo el tiempo, pero con una notable diferencia.

Los problemas a pesar de que son parte del día a día de un hijo de Dios, no están ahí para afectarlo o preocuparlo, sino para reforzar su identidad y su dependencia de Dios, es decir para hacerle notar y entender la diferencia que hay en su naturaleza para con el mundo, donde la misma le lleva a estar por encima de todo problema y toda preocupación.

La Biblia nos dice que somos más que vencedores por medio de aquel que nos amo (Romanos 8:37), pero para ser vencedores tenemos que cumplir con 2 requisitos, primeramente tener problemas y segundo estar en Cristo, y esto quiere decir que su identidad esté en nosotros, que creamos más en lo que dice la Biblia que en lo que vemos, sentimos o pareciera que se nos viene encima.

En mi iglesia tenemos una costumbre que nos ayuda con esto, siempre antes de empezar la enseñanza de cada domingo, todas las personas asistentes toman su Biblia en sus manos y repetimos la siguiente declaración:

Esta es mi Biblia, soy quien dice que soy, tengo lo que dice que tengo y puedo hacer lo que dice que puedo hacer, hoy seré enseñado la palabra de Dios, por lo que confieso que mi mente está alerta y mi corazón está dispuesto a ser transformado por medio de lo que hoy escuche, estoy por recibir, la incorruptible, la indestructible y la siempre viva semilla de la palabra de Dios, nunca más seré el mismo, nunca más volveré a ser quien era, en el nombre de Jesús quien me salvó, amén.

Si lo nota, esta declaración que tiene gran poder, está basada en lo que Dios nos dice y en lo que está escrito de parte de él para nosotros en la Biblia, de manera que no recibamos lo bueno o lo interesante que el predicador pueda decir, sino que podamos recibir la verdad que Dios nos ha dejado y que nos puede hacer inmune a los problemas de esta tierra, sin importar que estos no dejen de suceder, ¿le hace sentido?

Es aquí donde podemos entender el porqué Pablo el apóstol se gozaba en los problemas, primero que nada, entendía que las promesas de Dios se cumplían, es decir, ¡tenía el mejor de los indicadores de que iba por buen camino!, habiendo problemas, las victorias estaban por llegar, todo era perfecto, a pesar de que las personas a su alrededor se atrevieran a pensar en lo contrario.

José aquel al que llamaban el soñador, pasó exactamente por lo mismo Dios le dio una promesa, pero sabe, la palabra de Dios es implacable, es decir, no admite error, y nos dice en 1 Corintios 10:13, que Dios no va a permitir que seamos cargados con cosas más pesadas que las que podamos soportar, pero esto incluye el éxito, pues si no lo sabemos administrar, se puede convertir en una carga y aniquilarnos, de modo que José quien tenía una promesa para ser Rey por encima de sus hermanos, no tenía experiencia como Rey, ni como hombre de misericordia, por lo que tuvo que ser adiestrado hasta ser inmune a los embates de alma, a los engaños y a las traiciones, de modo que cuando el Faraón lo puso al frente de Egipto pudo gobernar con diligencia, sabiduría y gran misericordia.

Pero ojo!, no pasamos por los problemas “por algo” pasamos por problemas porque son una promesa y porque nos ayudan a creer más en lo prometido que en lo que pudiéramos pensar ó suponer.

Así que cada vez que se acerque usted a Dios y vea que las cosas se ponen color de hormiga alégrese pues quiere decir que la palabra de Dios se está cumpliendo y que su fe le está haciendo que las señales le sigan y le persigan, de modo que pueda usted crecer en su confianza en Dios y esté cada vez más dispuesto a ser un instrumento de bendición y no solo un receptor de la misma.

Rene Giesemann
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El sexo en la tierra, pero... ¿habrá sexo en el cielo?

El presente estudio nos enseñará el verdadero propósito de Dios con el hombre en la tierra, pero al mismo tiempo nos anticipa como será en el cielo.

Introducción: Para Dios el sexo no es pecado, lo deja bien claro desde el Génesis, cuando dice:

Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo;  le haré ayuda idónea para él. 21 Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán,  y mientras éste dormía,  tomó una de sus costillas,  y cerró la carne en su lugar. 22  Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre,  hizo una mujer,  y la trajo al hombre. 23  Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne;  ésta será llamada Varona,  porque del varón fue tomada. 24  Por tanto,  dejará el hombre a su padre y a su madre,  y se unirá a su mujer,  y serán una sola carne. (Gn. 2:18,21-24)

Si lo queremos ver desde la correcta perspectiva, veremos que el sexo no es malo, al contrario es bueno. Hay quienes abogan por el celibato, para mí es una distorsión del mandato divino, es por esa razón que se cometen tantos crímenes horribles contra niños y niñas indefensos. La Biblia dice bien claro que la mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, ni el marido tampoco.

"Pero a causa de las fornicaciones,  cada uno tenga su propia mujer,  y cada una tenga su propio marido. 3  El marido cumpla con la mujer el deber conyugal,  y asimismo la mujer con el marido. 4  La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo,  sino el marido;  ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo,  sino la mujer. 5  No os neguéis el uno al otro,  a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento,  para ocuparos sosegadamente en la oración;  y volved a juntaros en uno,  para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia." (1 Co. 7:2-5)

Entonces ¿dónde queda el celibato de la Iglesia Católica Romana?

Según los que defienden esta posición ya existía “ordenes” que abrazaban la continencia total.

En el siglo II, la idea de castidad en los ministros del Señor se abrió paso con evidente firmeza, Tertuliano y Orígenes dieron fe del gran número de aquellos que, recibidas las órdenes, abrazaban la continencia total y perfecta. La ICAR reconoce con claridad que no existió una ley apostólica que impusiera el celibato, pero sí es cierto, argumentan, por lo menos en la iglesia occidental que ésta práctica era muy entendida y practicada ya a fines del siglo III.

Muchos cristianos de los primeros siglos, hombres y mujeres, comenzaron a practicar los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia. Los que observaban eran tenidos en gran estima a pesar de todo esto es entendible, en la actualidad hay líderes de la iglesia que también no son casados y ejercen el liderazgo aún siendo solteros como solía oficiar de sacerdote el jefe de la familia (presbítero o anciano), es natural que hubiese pocos sacerdotes solteros.

Tertuliano en el año 200 DC. (“De Exhortatione Castitatis”) habla del gran número de sacerdotes que vivían continentes, ya que habían elegido a Dios por esposo. De igual modo Orígenes el apologeta por esa misma época (“In Leviticum”), justifica así el celibato sacerdotal: los sacerdotes de la Antigua Ley observaban continencia alejándose de sus esposas durante el periodo de sus servicios al templo; los de la nueva ley no conocen tales inconvenientes, por ser célibes.

Pero ¿qué dice el apóstol Pablo sobre este tema?

Digo,  pues,  a los solteros y a las viudas,  que bueno les fuera quedarse como yo; 9  pero si no tienen don de continencia,  cásense,  pues mejor es casarse que estarse quemando. (1 Co. 7:8,9). (Énfasis mío).

Pero yo me atrevo a hacer una pregunta candente en este tiempo, ¿tienen todos los sacerdotes católicos el don de continencia?

La verdad que lo dudo, porque si así fuera, no hubiera tantas acusaciones de pederastas dentro de la iglesia romana. (Por supuesto no se da únicamente dentro de la iglesia, muchos casos ocurren en otras circunstancias, como pueden ser las escuelas, con abuelos, padrastros y aun entre los mismos padres naturales).

«Pederastia»  

De manera genérica, se considera abuso sexual infantil a toda conducta en la que un menor es utilizado

1. Como objeto sexual por parte de otra persona con la que mantiene una relación de desigualdad, ya sea en cuanto a la edad, la madurez o el poder.

2. Se trata de un problema universal que está presente, de una u otra manera, en todas las culturas y sociedades y que constituye un complejo fenómeno resultante de una combinación de factores individuales, familiares y sociales. Supone una interferencia en el desarrollo evolutivo del niño y puede dejar unas secuelas que no siempre remiten con el paso del tiempo.

3. El abuso sexual constituye una experiencia traumática y es vivido por la víctima como un atentado contra su integridad física y psicológica, y no tanto contra su sexo, por lo que constituye una forma más de victimización en la infancia, con secuelas parcialmente similares a las generadas en casos de maltrato físico, abandono emocional, etc.

4.Si la víctima no recibe un tratamiento psicológico adecuado, el malestar puede continuar incluso en la edad adulta.

Existe una pequeña contradicción en la posición de la Iglesia Católica Romana que alega que:

En lo que lleva consigo la castidad perfecta, fue introducido por una costumbre que deriva ya del tiempo de los apóstoles. En efecto, partiendo de las recomendaciones del apóstol Pablo, que prohibió a los bígamos a aspirar ser anciano como registra la epístola a Timoteo 3:2; Tito 1:6 y otros que muestran a Pablo aconsejando esta práctica. Resulta Claro entender que Pablo muestra su preocupación por aquellas personas que deseaban ser líderes de la iglesia primitiva, la de sus tiempos, y no eran personas de buena reputación, para no complicarlas cosas el apóstol es claro y enfático en decir que el hombre que desea el obispado desea algo bueno pero que tenga en cuenta muchas cosas y entre ellas el ser esposo fiel y de solo una mujer. La iglesia en aquellos tiempos, podemos evidenciar, sintió la necesidad de una pureza total en los que se dedicaban al servicio del altar. (Énfasis mío).

Pablo dice esposo fiel y de solo una mujer, no dice que todos deben de ser célibes, porque él mismo lo dice en 1 Corintios “mejor es casarse que estarse quemando”.

Pero ¿cómo fue que entró realmente el celibato en la práctica de la Iglesia Católica Romana?

“En la iglesia primitiva sin embargo no existía la prescripción del celibato para el sacerdocio. Tanto es así que en la imagen de obispo que encontramos como ya mencionamos se le aconseja a solo ser esposo de una sola mujer y amarla como Jesús amó a la iglesia y se entregó por ella según su epístola a los Efesios 5:25.

Maridos,  amad a vuestras mujeres,  así como Cristo amó a la iglesia,  y se entregó a sí mismo por ella. Efesios 5:25

El celibato en la Iglesia Católica.

El celibato sacerdotal incumbe directamente a los sacerdotes diocesanos y no a los sacerdotes religiosos que siguen el celibato monacal, que es mucho más antiguo. La historia del celibato sacerdotal obligatorio se encuentra dentro de la historia de la Iglesia Católica o la Iglesia Latina. Por su parte, la Iglesia oriental incluye el celibato sacerdotal como una opción del presbítero realizada antes de recibir el orden diaconal, incluso en aquellos grupos de iglesias orientales en comunión con Roma.

Algunas leyes empezaron a exigir el celibato sacerdotal entre diócesis de rito ltino en el siglo IV: se hizo manifiesto en el Concilio de Elvira; reiterándose en el Concilio de Letrán I en 1123, aunque dicha regulación no fue seguida de manera estricta. En el Concilio de Trento (1545-1563) se estableció de manera definitiva el celibato sacerdotal obligatorio tal como se lo conoce en la actualidad, en respuesta a la Reforma protestante que permitía, e incluso promovía, el matrimonio de los sacerdotes, al tiempo que suprimía las órdenes religiosas y sus votos.

Muchas razones se argumentan para que la Iglesia Latina llegase a optar por sacerdotes no casados. Destaca una relajación en los hábitos sexuales de los sacerdotes que intentaron regularse en los concilios de Maguncia y Augsburgo, así como se asegura que durante el Concilio de Constanza (1414-1418), 700 mujeres públicas asistieron para atender sexualmente a los obispos participantes. 19 20 Es posible que dicho desorden causara una decisión de este tipo con el fin de presentar en la figura del sacerdote a un pastor irreprochable. Otra razón que suele argumentarse es la de problemas de propiedad con sacerdotes casados cuyos hijos reclamaban todos los haberes de sus padres al morir estos, lo que incluía la parroquia.

En época reciente, la postura oficial del pontificado sobre el celibato se ha pronunciado en varias ocasiones, como respuesta a algunos movimientos católicos de renovación, y que plantean el celibato como opcional, a veces en desafío directo mediante la petición de secularización o la exhibición pública de curas casados o conviviendo con sus parejas. Sacerdotalis Caelibatus fue la sexta encíclica el papa Pablo VI (24 de junio de 1967). En el mismo sentido se han pronunciado los papas Juan Pablo II y Beneticto XVI.

El celibato sacerdotal obligatorio ha tenido múltiples críticas, así como numerosos defensores:

El celibato facilita la unidad de vida, que es la base de la santidad cristiana, desmitifica la absolutización de la teoría de la complementariedad de los sexos, abre el corazón a todas las personas sin excepción, exige y concreta la ascética diaria, sin la cual la unión con Dios en la tierra es imposible, y hace del sacerdote un testigo y un indicador cabal de la vida eterna.

Concluyo diciendo: Que para Jesús el matrimonio era algo normal. La relación de pareja era algo muy especial para Él, cuando dice:

El,  respondiendo,  les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio,  varón y hembra los hizo, 5  y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre,  y se unirá a su mujer,  y los dos serán una sola carne? 6  Así que no son ya más dos,  sino una sola carne;  por tanto,  lo que Dios juntó,  no lo separe el hombre. Mt. 19:4-6

Además Pedro era casado, y Jesús no tuvo ningún problema con eso.

Pero nos da un anticipo de cómo será en el cielo:

Entonces respondiendo Jesús,  les dijo: Erráis,  ignorando las Escrituras y el poder de Dios. 30  Porque en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento,  sino serán como los ángeles de Dios en el cielo. Mt. 22:29.30

José Alberto Vega

http://www.monografias.com/trabajos73/celibato-catolico-origen/celibato-catolico-origen2.shtml
http://es.wikipedia.org/wiki/Abuso_sexual_infantil
http://www.monografias.com/trabajos73/celibato-catolico-origen/celibato-catolico-origen2.shtml
http://www.monografias.com/trabajos73/celibato-catolico-origen/celibato-catolico-origen2.shtml
http://es.wikipedia.org/wiki/Celibato
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Lo sencillo de una vida en Cristo (parte 7)


Lucas 3:18 Nueva Traducción Viviente (NTV) Juan usó muchas advertencias similares al anunciar la Buena Noticia al pueblo

Marcos 16:15-18 Palabra de Dios para Todos (PDT) Jesús les dijo: «Vayan por todo el mundo y anuncien la buena noticia de salvación a toda la gente. El que crea y sea bautizado será salvo, pero el que no crea será condenado. Y estas señales acompañarán a los que hayan creído: expulsarán demonios en mi nombre y hablarán en otros idiomas sin haberlos aprendido. También tomarán serpientes en las manos y si llegan a tomar veneno, no les hará daño. Además podrán sanar a los enfermos tocándolos con las manos».

Hablar otros idiomas es una cosa fascinante, pues el alcance de nuestra influencia incrementa, pero también la oportunidad de aprender cosas nuevas, ya que nos podemos comunicar con más personas y aprender como piensan y como viven, creo que el hablar otros idiomas es tan fascinante como el viajar, ¿no lo ha pensado?

Ahora bien, la Biblia nos promete hablar nuevos idiomas y más allá de los que podamos aprender, pues la gran comisión nos habla en dimensiones distintas, nos dice que podremos hablar en lenguas como un don espiritual, es decir, seremos capaces de hablar lenguas angélicas y comunicarnos directamente con Dios, pero también hablaremos otras lenguas terrenales y emocionales para comunicarnos con las personas y poder llevar el mensaje de las buenas nuevas de Jesús al mundo.

Esto es tan vasto y tan específico como usted se atreva a creer, conozco personalmente a quienes han decidido poner en su corazón el difundir el mensaje de Cristo a las naciones y que Dios ha puesto en su boca idiomas que nunca estudiaron ni aprendieron y los comenzaron a hablar de manera fluida de un momento a otro, como si hubiesen nacido con ellos.

Sin embargo, es mi personal opinión que la expresión más emocionante de esta palabra es cuando empezamos a hablar el idioma de cada persona, cuando Dios nos permite dejar de hablar de acuerdo a nuestra propia opinión y nuestro propio entendimiento y podemos sin necesidad de esforzarnos hablar en un lenguaje que lejos de hacer que las personas se sientan confrontadas o atacadas, se vean conquistadas, pues las palabras se vuelven dulces y son de acuerdo al corazón de quien las recibe.

¿Se lo puede imaginar?, el poder sin esforzarnos hablar de modo que nuestras palabras sean siempre sabias, siempre atinadas y siempre precisas, que no habláramos de nuestro entendimiento sino directo al corazón de cada persona, el tener la capacidad de ponernos en los zapatos de cualquiera con solo verle a los ojos y conquistar su corazón para aquel que nos envía (obvio hablamos Jesús), genial, ¿no?

Pues eso es lo que la Biblia nos promete, pero depende no de lo mucho que sepamos de la Biblia y no de lo mucho que pretendamos ayudar a las personas, sino de que hagamos específicamente lo que Dios nos pide y le voy a decir porqué.

Muchas veces tratamos de dar consejos a las personas acerca de sus problemas y tratamos de encontrar una palabra de la Biblia que se amolde a la situación o que la resuelva, pero la cosa no es así, es justo al revés, las personas tenemos problemas porque no hemos amoldado nuestra vida a la palabra de Dios y es justo por eso que Jesús nos pide que hagamos sólo una cosa en específico, que llevemos las buenas nuevas, es decir que no importa la circunstancias en las que se encuentren las personas, les hablemos de Jesús y su forma de vivir, eso tiene más poder transformador que la mejor intención que podamos tener.

Pues es el evangelio, la esperanza y la certeza de una mejor vida, es la guía para la perfección de nuestro corazón y de la vida que llevemos, está en nosotros el decidir el hacer bien no como entendamos, sino como lo creemos de lo que aprendemos de la palabra y es en ese momento donde le damos oportunidad al Espíritu Santo a que actúe por medio de nosotros.

En el libro de los Hechos, había una reunión de personas que oraban, y el Espíritu Santo inundó ese lugar, de modo que todos empezaron a hablar en distintos idiomas, de modo que los que estaban de visita entendieran en su propia lengua lo que el Espíritu tenia que decirles, sin embargo el mensaje fue el mismo, la buena nueva de Jesús, y eso fue lo que transformó a esa multitud.

Si lo nota no es mucho lo que usted tiene que hacer, solo conocer de la palabra y creerla, y será entonces que esta promesa también se cumplirá en usted quien fue escogido junto conmigo y muchos otros a ir por el mundo a predicar la buena nueva.

Rene Giesemann
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