La visión une

A primera vista, Nehemías 3 parece ser una lectura aburrida. Sin embargo, si lo leemos con otro par de lentes, observaremos que en este capítulo la palabra «éxito» aparece por todas partes. Con este pasaje, el autor nos explica que para lograr grandes cosas en nuestra iglesia, debemos definir el futuro de esta.

«Entonces se levantó el sumo sacerdote Eliasib con sus hermanos los sacerdotes, y edificaron la puerta de las Ovejas. Ellos arreglaron y levantaron sus puertas hasta la torre de Hamea, y edificaron hasta la torre de Hananeel. Junto a ella edificaron los varones de Jericó, y luego edificó Zacur hijo de Imri.» Nehemías 3.1–2

A primera vista, Nehemías 3 parece ser una lectura aburrida. El efecto que tiene sobre uno es el mismo que logra el informe anual de una compañía o de otra iglesia. Los nombres, lugares, y logros probablemente no nos dicen nada. Pero reflexione un poco más en este capítulo, y ¡tal vez salte de su silla!

En Nehemías 3 la palabra «éxito» está escrita en todas partes. Da testimonio del poder de la visión. El capítulo simplemente va de una sección a otra alrededor del muro en dirección contraria a las manecillas del reloj, comenzando en la puerta de las Ovejas en el extremo norte de Jerusalén, para terminar nuevamente allí. El muro de la ciudad, visto desde arriba, se asemeja a la forma de una cuchara: redondeado hacia la parte superior, y estrecho en la parte inferior. El perímetro es de dos millas (unos tres kilómetros).

El capítulo destaca que los judíos reconstruyeron el muro de sección en sección. Se enfrentaron a 40 secciones y trabajaron de manera simultánea. Su visión los motivaba y movilizaba para que culminaran una gran tarea.

Una frase resuena a lo largo de todo el capítulo 3 de Nehemías: «frente a su casa». Cada grupo de personas tomó una sección en su vecindario. Era algo que podían hacer, algo en su área que tenía significado para ellos.

Piense en los niños en las vacaciones de Navidad: déjelos solos, y puede que pronto vuelquen sus energías unos contra otros. Pero comparta con ellos una visión —que construyan un fuerte o decoren una habitación— y lograrán algo significativo. De manera similar, cuando los líderes tienen un panorama claro de lo que puede ser el futuro, son capaces de aprovechar la energía colectiva del pueblo de Dios para lograr algunas tareas formidables.

El profesor de predicación Haddon Robinson cuenta una historia acerca de Walt Disney, quien murió en 1966, varios años antes de que se iniciara la construcción de Walt Disney World. Muy poco tiempo después de que el parque abriera sus puertas, alguien dijo: «¿No es una pena que Walt Disney no viviera para ver esto?» Mike Vance, director creativo de los Estudios Disney, contestó: «Él lo vio, ¡y por eso es que está aquí!»

Rara vez las iglesias se tambalean debido a la falta de obreros dispuestos. Se tambalean debido a la falta de visión. La visión tiene el poder de motivar a los «constructores de muros».

Para comentar

1. ¿Le ha dado a los miembros de la congregación una visión lo suficientemente convincente como para motivarlos?

2. Basándose en la necesidad alrededor de su iglesia y de las circunstancias que la rodean, comparta algunos ideales de lo que ella puede y debe ser.

3. ¿Cómo puede ayudar a las personas a identificar sus roles en la búsqueda de la visión?

Una forma para establecer la visión de la iglesia es responder a varias preguntas clave. A continuación encontrará tres preguntas que pueden ayudarlo.

¿Quiénes somos? Comience con un auto-examen: «¿Qué estamos haciendo ahora? ¿Es algo que disfrutamos? ¿Desearíamos poder hacer algo diferente?»

¿Dónde vivimos? Al contestar esta segunda tenga en cuenta dos características de su entorno ministerial: la demografía y el estilo de vida de las personas.

¿Cuál es el llamado de Dios?

Para terminar quisiéramos compartir con usted la visión de una iglesia.

«A fin de crear un puente para compartir el evangelio, la iglesia buscará ser la familia de Dios para las familias de nuestra comunidad. Diseñaremos ministerios para fortalecer a las familias saludables y buscaremos ser un instrumento de sanidad para las familias heridas, ayudándolas a llegar a ser funcionales».

Esteban Mattewson
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El enfoque del liderazgo de Jesús: formar personas

El ministerio de Jesús se centró en capacitar a doce jóvenes adultos en sólo tres años. Examinar los resultados de ese ministerio es pertinente para los líderes que están trabajando para dejar un legado entre los jóvenes que están formando. El autor del artículo nos comparte lo que él descubrió acerca del enfoque del liderazgo de Jesús con sus Doce.

¿Cómo podríamos evaluar humanamente los resultados del ministerio de Jesús?: «No tuvo resultados perfectos (tuvo un traidor, multitudes que lo seguían pero demandantes y cambiantes, discípulos —amigos íntimos— que lo abandonaron en su hora más difícil). Bíblicamente su ministerio fue muy sencillo pero profundo.

¿Qué lo hizo posible ese combinación de sencillez y profundidad?, su meta y su método. La meta de Jesús fue las personas. Él buscaba conducirlas a la salvación eterna y formarlos a su propia imagen. El método para alcanzar su meta fue: Involucrarse personalmente en sus vidas, discipularlos para que fueran como él y, después, enviarlos para que hicieran a otros lo que él hizo con ellos.

El ministerio de Jesús y sus resultados

Juan 17.7–12, 18; Mateo 2819; 1 Juan 1.2–3

El mayor milagro de Jesús no fue realizado mientras caminó sobre esta tierra. Fue el resultado de incontables horas dedicadas a la capacitación de sus doce discípulos, hecho lo cual y una vez que partió, y los instruyó que fueran y practicaran este mismo arte de preparación y liderazgo. El milagro consistió en que esos hombres prácticamente fracasados prosiguieron su milagroso ministerio de tal manera que alcanzaron toda Asia en dos años (Hechos 19.10). Jesús pasó la mayor parte de su tiempo con los Doce, no con las masas. Él estaba empeñado en la formación de hombres que dirigirían la iglesia en la siguiente generación; hombres en quienes usted y yo no hubiéramos perdido nuestro tiempo. Jesús sabía dónde se encontraría su legado. Su ingenio no se encuentra en sus milagros divinos, ni siquiera en su directo ministerio. Se encuentra en su multiplicación deliberada.

Su enfoque primordial fue tratar personalmente con sus discípulos.

Observaciones sobre este enfoque de jesús

La idea de Jesús sobre el discipulado (involucrase con las personas y formarlas para que ellas hicieran lo que él hizo)

Instrucción ... en un contexto relacionado con la vida.

«Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos» (Mateo 51).

«Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar» (Lucas 111).

Demostración ... en un contexto relacionado con la vida.

«Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestro pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis» (Juan 13.12–15).

Experiencia... en un contexto relacionado con la vida.

«Después llamó a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos; y les dio autoridad sobre los espíritus inmundos» (Marcos 6.7).

«Y tomando los cinco panes y los dos pescados, levantando los ojos al cielo, los bendijo, y los partió, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante de la gente» (Lucas 9,16).

Asesoramiento ... en un contexto relacionado con la vida

«Y reprendió Jesús al demonio, el cual salió del muchacho, y éste quedó sano desde aquella hora. Viniendo entonces los discípulos a Jesús, aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera? Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible. Pero este género no sale sino con oración y ayuno» (Lucas 17.18–21).

Jesús empleó doce factores para poder involucrarse con sus discípulos y así formarlos como él:

1. Iniciativa (Lucas 6:12, 13)

«... él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos».

2. Proximidad (Marcos 3:14, Lucas 8:1)

«Y estableció a doce, para que estuviesen con él...»

3. Amistad (Juan 15:15)

«Ya no os llamaré siervos .... pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer».

4. Ejemplo (Juan 13:15)

«Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis».

5. Compromiso (Mateo 16:24, Juan 13:1)

«Jesús ...como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin».

«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame».

6. Responsabilidad (Marcos 6:7)

«Después llamó a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos; y les dio autoridad sobre los espíritus inmundos».

7. Conocimiento (Lucas 8:9, 10)

«Y los discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Qué significa esta parábola? Y él dijo: A vosotros os he dado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan».

8. Visión (Mateo 4:19, Juan 4:35)

«Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres».

«¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega».

9. Confianza (Mateo 10:1-8)

«Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia. Y yendo, predicad ... sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia».

10. Evaluación (Lucas 10:17-24)

«Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre. Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará. Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos».

11. Poder (Juan 20:22, Hechos 1:8)

«Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo».

«Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra».

12. Impulso (Mateo 28:18, 20)

«Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones ...»

Cómo se vive según el enfoque se Jesús

El logro viene cuando alguien es capaz de hacer grandes cosas para sí mismo.

El éxito viene cuando esa persona da el poder a los seguidores de hacer grandes cosas con él.

La importancia viene cuando esa persona desarrolla líderes para hacer grandes cosas para él.

El legado viene cuando prepara su organización para hacer grandes cosas sin él.

AUTOEVALUACIÓN:

1. Cuando pienso en formar personas, ¿Qué viene a mi mente? ¿A quién formaré?

2. ¿Cómo podré dejar a alguien formado? ¿Qué papel tengo yo en aquello que en un futuro pueda superar lo que yo hice?

3. ¿De qué manera estoy imitando a Jesús, así como él lo hacía con sus doce, para dejar un movimiento de personas después de su partida?

4. ¿Qué pasos puedo tomar esta semana para asegurar el impacto que ha de tener mi legado —las personas que yo forme— en el futuro?

5. ¿Qué necesito ser para ser un formador de personas?

Enrique Zapata
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Un llamado sin barreras

Tal como dice Efesios 4:6, el Señor está «sobre todos y por medio de todos y en todos.» Frente a una declaración tan amplia, no queda duda de que todos sus seguidores, sean hombres o mujeres tienen la responsabilidad de permitir la acción de Dios en el mundo a través de sus propias vidas.

¡Las mujeres también son protagonistas en el cumplimiento de la Misión de la Iglesia! Es una declaración que nos llama al ánimo y al trabajo empeñoso, pero que en ocasiones parece velarse tras muchos temores o malentendidos. A lo largo del relato bíblico encontramos numerosas referencias a mujeres que encontraron maneras de servir a su Señor con entrega y fidelidad. Cómo olvidar a figuras prominentes como Débora, quien desafió la tradición y sirvió a su pueblo con profunda convicción y coraje, o a Ester quien, a riesgo de su propia vida, decidió interceder por los suyos. Ellas representan a incontables mujeres que impactaron vidas desde el lugar donde Dios las había puesto. Muchas de ellas permanecen en el anonimato, tales como las valientes parteras de Egipto, que con su desobediencia preservaron la vida de los hijos de los hebreos, o la joven sierva de Nahmán, quien por medio de un sencillo comentario cambió el rumbo de un hombre poderoso.

Cristo mismo tuvo contacto con mujeres piadosas que acompañaban su ministerio público, mujeres como «María, llamada Magdalena…Juana…Susana y muchas más, que lo ayudaban y los apoyaban con sus propios bienes» (Lc 8.2,3). Ellas habían creído en él y, por ende, abrazaron también su causa. Jesús también ilustró sus parábolas y enseñanzas con el ejemplo de mujeres dignas de imitación, como la viuda con el juez injusto. En resúmen, ellas tuvieron plena participación en el proceso de extender el reino entre los necesitados.

La historia de la iglesia también da testimonio del valioso aporte que han hecho las mujeres a las misiones. Muchas de ellas sirvieron desde lugares sumamente sencillos y humildes, pero tuvieron un impacto eterno sobre la marcha del Reino. Susana Wesley dejó un legado imborrable sobre la vida de dos grandes del siglo dieciocho, los hermanos Carlos y Juan. Gran parte de su influencia se hizo sentir mientras se ocupaba de las tareas del hogar. Otras, como Amy Carmichael o Gladys Aylward, lo dejaron todo para instalarse entre los más pobres y desvalidos de la tierra. Cada una de ellas nos deja un claro ejemplo del inestimable aporte que puede realizar una mujer entregada a la voluntad de Dios.

Las Escrituras nos presentan a un Dios Soberano que tomó forma humana para reconciliarnos con él. La buena noticia de Emmanuel cambió la historia. Dios se hizo presente para expresarnos sus propósitos para todo lo creado. Tal como lo dice Efesios 4:6, el Señor está «sobre todos y por medio de todos y en todos.» Frente a una declaración tan amplia, no queda duda de que todos sus seguidores, sean hombres o mujeres tienen la responsabilidad de permitir la acción de Dios en el mundo a través de sus propias vidas. La aventura de participar en sus proyectos es una que se extiende a todos sus discípulas, dondequiera que se encuentren.

Tradicionalmente se ha entendido la misión de la Iglesia casi exclusivamente en términos de «tarea evangelizadora»; sin embargo, por el ejemplo de Jesús podemos notar el interés de Dios en todo el ser, lo que incluye lo espiritual, lo psicológico, lo social y lo físico. Si imitamos el ejemplo del Maestro no solamente debemos anunciar las buenas nuevas, sino también abocarnos a la tarea de hacer el bien a todos los que él ponga en nuestro camino.

Por tratarse de una tarea tan amplia y comprometedora, el Señor nos llama a plantearnos en qué lugar nos encontramos dentro de la gran mies. Jesús hizo ver a sus discípulos el contraste entre la enorme necesidad del mundo y la escasez de los trabajadores. Tantas discusiones sobre quien puede o no servir al Señor nos ha robado tiempo inapreciable y ha desviado nuestra atención de lo que representa nuestra verdadera vocación: andar en las obras que él ha preparado de antemano para nosotras (Ef 2.10).

Es hora de que recuperemos el enfoque, para volver a ser parte fundamental de la iniciativa de Dios en este mundo. Y nosotras, no podemos más darnos el lujo de ser meras espectadoras; debemos dejar que estos propósitos afecten radicalmente la forma en que expresamos nuestra fe. Cada una desde su propia condición, ejerciendo los dones y talentos que Dios le ha concedido, esta llamada a contribuir para que el sueño de Dios para el mundo esté cada vez más cercano. No hay tarea pequeña en el Reino.

Como mujeres, no siempre hemos valorado la verdadera dimensión que tiene nuestro servicio pero, poco a poco, estamos ampliando nuestro horizonte. Cada vez un mayor número de mujeres deciden responder al llamado e incursionar en territorios antes desconocidos. La evidente decadencia del mundo nos urge a una acción coordinada y efectiva en su nombre. El Señor necesita todo su ejército en pie. ¡Ya no hay excusa!

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El amor es vida

El amor, es decir, la capacidad que una persona tiene de dar y recibir amor se desarrolla recibiendo y dando amor desde su nacimiento e infancia. De todas las facultades que Dios ha puesto en nosotros la más maravillosa es el amor. «Dios es amor», dicen las Escrituras (1 Jn 4.8). El amor es, por así decirlo, la materia prima de la que Dios está hecho.

Si a alguien mientras duerme le hicieran cirugía plástica y le cambiaran los rasgos de su cara, la forma de su nariz, de su boca, el color de su piel, y luego se levantara y se mirara en el espejo, se asustaría increíblemente y gritaría: ¡Hey! ¡Ese no soy yo! No se reconocería porque se identifica a sí mismo con su cara, con su cuerpo. Pero nosotros no somos nuestro cuerpo. Nuestro cuerpo es sólo el vestido de nuestro verdadero yo, una casa temporal en la cual habitamos durante un tiempo. Cuando muere el cuerpo seguimos viviendo, porque nuestro verdadero yo es inmortal.

Decimos que una persona muere cuando el cuerpo que le servía de instrumento para actuar en el mundo físico, deja de funcionar. Es como el buzo que desciende al fondo del océano en una escafandra. Sin la escafandra el peso del agua lo aplastaría , no podría respirar, moriría. Pero él no es la escafandra, él está dentro de la escafandra y al volver a la superficie se la quita. Así nosotros estamos en nuestro cuerpo, pero no somos nuestro cuerpo. Y un día nos lo quitamos.

Cuando nuestro cuerpo empieza a envejecer, cuando pierde su agilidad, su belleza, su fuerza y nuestro cerebro ya no funciona con la misma agilidad de antes, nos entristecemos y decimos que estamos envejeciendo. Pero nosotros no envejecemos, sólo nuestro vestido corporal envejece.

En la primera epístola a los Tesalonicenses Pablo escribe: «Todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo...» (1 Ts 5.23). Somos espíritu, tenemos un alma y vivimos en un cuerpo. Nuestro espíritu es la esencia, el núcleo de nuestro yo. Es aquella parte de nuestro ser que puede estar en contacto íntimo con Dios (1).

En nuestra alma residen las facultades que Dios nos ha dado: mente, inteligencia, memoria, emociones, sentimientos, imaginación, voluntad, etc. Nuestra alma contiene todo un tesoro de facultades y posibilidades inimaginables para la mayoría de la gente, generalmente porque las ignoran, no afloran a su conciencia, no han tenido oportunidad de desarrollarlas o las han reprimido desde temprana edad.

Muchas personas al mirarse en el espejo se sienten descontentas con lo que ven. Se consideran feas, o poco inteligentes, o torpes, o antipáticas. Desde la infancia han tenido experiencias tristes y humillantes y se han endurecido; les han quitado toda esperanza, amor propio y toda estima por los demás.

Pero nosotros hemos sido creados a la imagen y semejanza de Dios. Dios es espíritu y nosotros somos un espíritu, al que Dios ha dado un alma y ha vestido con un cuerpo. Nos ha creado tripartitos a su imagen y semejanza. Ha impreso su estampa en nosotros. Somos un reflejo de lo que Él es. En nuestro ser primigenio somos bellos y perfectos como Él lo es.

¿Por qué entonces nos vemos tan alejados de la perfección que es Dios, tan limitados, tan indignos? A causa del pecado. El pecado ha deformado la imagen y semejanza de Dios en nosotros, la ha oscurecido y ocultado.

¿Qué pecado? En primer lugar el pecado de nuestros primeros padres que corrompió nuestra naturaleza y entregó a la raza humana al dominio de las fuerzas oscuras (Gn 3). Ese pecado es el origen de todos los pecados subsiguientes, comenzando por el asesinato de Abel por Caín (Gn 4.1–8). En segundo lugar nuestros pecados, que cada uno sabe cuál es. Pero también el pecado de las personas con las que hemos vivido y que ha afectado nuestra vida, así como nuestro pecado afecta la vida de los demás.

De todas las facultades que Dios ha puesto en nosotros la más maravillosa es el amor. «Dios es amor», dicen las Escrituras (1 Jn 4.8). El amor es, por así decirlo, la materia prima de la que Dios está hecho. Así como podemos decir que la materia prima de un vaso es el vidrio, y la de una mesa es la madera, la materia prima de Dios es el amor.

Y así como el agua todo lo moja con tan sólo tocarlo porque es agua, Dios ama necesariamente todo lo que ha creado porque es amor. Para Él es imposible dejar de amar porque su naturaleza lo impele a ello (2).

Y como Él es amor, ha derramado su amor a su alrededor, en toda la creación. Ha vertido su amor en nosotros y nos ha dado la capacidad de amar. Amamos aun sin querer porque hemos sido hechos a su imagen y semejanza. Pero con frecuencia esa capacidad de amar está frustrada en muchas personas porque en lugar de recibir amor en su infancia, cuando más lo necesitaban, recibieron desamor y maltratos.

Si se golpea repetidas veces y con fuerza el brazo de un pequeño, quedará deformado, no crecerá bien ni tendrá vigor. De igual manera si la capacidad de recibir y dar amor de una criatura es golpeada o herida cuando más necesita ser amada, su capacidad de amar no se desarrollará, sino quedará lisiada, maltrecha.

El amor, es decir, la capacidad que una persona tiene de dar y recibir amor se desarrolla recibiendo y dando amor desde su nacimiento e infancia. El amor se aprende en la cuna. El recién nacido tiene tanta necesidad de ser amado como de ser amamantado. En verdad, Dios, que es tan sabio, hizo que el hombre al nacer recibiera el alimento del pecho de su madre para que junto con la leche recibiera amor. Además, inventó esta manera de nutrir para que, dependiendo de su madre, la criatura viviera en comunión con ella. Sólo una mujer sin corazón no ama al niño que amamanta. Lamentablemente algunos nunca fueron amamantados o cuando los destetaron ya no recibieron más amor, sino sólo indiferencia.

Es cierto también que la lactancia materna no es la única manera como el niño puede recibir amor. Hay muchas otras que forman parte de la vida diaria; por ejemplo, jugar con ellos, acariciarlos, cuidarlos, etc. Todas esas son expresiones de amor importantes para el niño pequeño porque tiene necesidad de amor, de ser amado y de amar. El niño bebe el amor como la leche del pecho y ama espontáneamente. Pero si en lugar de amarlo, lo maltratan con desamor, dureza, crueldad, o indiferencia, su capacidad de amar se malogra, se marchita, queda como inválido. En consecuencia el niño se torna triste, hosco, desconfiado, temeroso. ¡Con cuántas caras se cruza uno que llevan la marca de no haber sido amadas en la infancia!

El amor es vida para el ser humano, como el agua para las plantas. Si vierte agua a una planta reseca, verá como reverdece. Igual pasa con el hombre, sin amor su vida caduca, perece, se seca. Pero si damos un poco de amor a un ser sin esperanza, verá como le vuelven a brillar los ojos.

Todos los seres humanos buscamos amor. Aun los seres más golpeados por la vida, los más desilusionados, como los niños abandonados, se unen a pandillas, se rodean de amigos de la calle para ayudarse y protegerse mutuamente. La amistad es una forma de amor. No obstante, como la capacidad de amar de estos niños ha sido golpeada cuando eran pequeños, su amor es a veces cruel.

Cuando crece, el joven busca también amor. Lo busca ya no sólo en su padres y en sus amigos sino también en una pareja.

Pero, si un muchacho por ejemplo, ha sido criado por una extraña, o quizá una pariente para quien era una carga o lo maltrataba, es posible que no tenga una buena imagen de la mujer. La mujer con la que tratamos en la primera infancia es la que determina la imagen que más tarde tendremos del resto de las mujeres. Por esa razón es que muchas personas tratan muy mal a las mujeres y a las personas en general.

Sin embargo, Jesús es nos enseña cómo tratar a las personas sin tomar cuenta sus trasfondos. Jesús, por ejemplo, no despreció ni condenó a las prostitutas. Al contrario se acercó y se compadeció de ellas. No tuvo vergüenza de hacerlo, a pesar de las murmuraciones. Se acercó a ellas para escucharlas, hablarles, perdonarlas, transformarlas.

Es un hecho notable que, con excepción de su madre y de Marta, todas las mujeres a las que los Evangelios dedican cierto espacio hayan sido mujeres de mala vida, por ejemplo, Magdalena o la samaritana. Además, es muy singular que las palabras mas tiernas que Jesús dijera de una mujer fueran para una pecadora —Lucas (7.44–48)—, la mujer que derramó el perfume de nardo en sus pies.

Más sorprendente es aun que Jesús asumiera la defensa de una pecadora a quien sus indignados acusadores querían apedrear. En Juan leemos que un día le trajeron a Jesús a una mujer sorprendida con un hombre en adulterio. Los que la arrastraban le preguntaron: «La Ley manda apedrear a estas mujeres. Tú ¿qué dices?» (3). Jesús esperó un rato mirando al suelo y después levantó los ojos como si les dijera: Ustedes la acusan, pero son tan pecadores como ella. Entonces les dijo: «El que esté libre de pecado que tire la primera piedra.» Pero no había entre ellos uno solo que fuera inocente, y por eso, avergonzados, se fueron retirando uno a uno.

Jesús preguntó a la mujer: «¿Donde están los que te acusaban? Todos se han ido. ¿Ninguno te condena? —Ninguno Señor— entonces, yo tampoco te condeno. Vete y no peques más» (Jn 8.1—11).

Jesús no la condenó ni le reprochó nada a pesar de lo que ella había sido. La perdona porque está arrepentida. Ella sin duda fue tocada por la compasión que emanaba de Él, por la actitud de Jesús. Ese hombre, que era un rabino, un maestro de la ley, no la juzgó, no la condenó, sino la trató con benevolencia. Algo en el interior de la mujer respondió al amor sobrenatural que la mirada de Jesús reflejaba y la cambió totalmente..

Pero ¿que habría sido si Jesús le hubiera echado en cara su conducta, si la hubiera condenado? Seguramente se habría sentido herida y endurecida, se habría mostrado altanera y despectiva. La severidad puede ser a veces necesaria, pero el amor que todo lo cree, que todo lo espera, que todo lo soporta (1 Co 13.7), obra maravillas en las almas. Puede también hacerlo en la tuya. Nunca lo olvides. Si tienes sed de amor recuerda que, por encima de los imperfectos amores humanos, hay un ser infinitamente grande y bueno que te ama con un amor perfecto y que dio su vida por ti. Acércate a Él. Está esperando que lo busques para mostrarte todo el tesoro de amor que guarda para ti; para perdonarte, si tienes mucho de qué acusarte; para consolarte, si tienes mucho que lamentar.

Notas

(1) Si nuestra parte espiritual, es decir nuestra alma y nuestro espíritu, se mantiene activa hasta la edad más avanzada, comunicarán su vigor al cuerpo.
(2) Dios ama incluso a los condenados y ese amor al que voluntariamente renunciaron y ahora extrañan, es el que enciende las llamas del infierno.
(3) Es curioso que no lo trajeran también a él quien era igualmente culpable, y según la ley, debía ser apedreado junto con ella.

Acerca del autor:
José Belaunde nació en los Estados Unidos pero creció y se educó en el Perú donde ha vivido prácticamente toda su vida. Participa activamente en programas evangelísticos radiales, es maestro de cursos bíblicos es su iglesia en Perú y escribe en un semanario local abordando temas societarios desde un punto de vista cristiano. Desde 1999 publica el boletín semanal "La Vida y la Palabra", el cual es distribuido a miles de personas de forma gratuita en las iglesias de su país. Si desea recibir estos artículos por correo electrónico solicítelos a: jbelaun@lavidaylapalabra.com o a jbelaun@terra.com.pe. Página web: www.lavidaylapalabra.com
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De la adoración a la misión

En la historia de obra misionera cristiana hay momentos de avance y momentos de retroceso. Los momentos de avance surgen siempre cuando en la iglesia hay vitalidad espiritual. Los grandes avivamientos espirituales se caracterizan por un redescubrimiento del poder de Dios, un sentido renovado de su grandeza y santidad y el impulso misionero a llevar el Evangelio a quienes todavía no lo conocen.

En la historia de veinte siglos de obra misionera cristiana hay momentos de avance y momentos de retroceso. Los momentos de avance surgen siempre cuando en la iglesia hay vitalidad espiritual. Los grandes avivamientos espirituales se caracterizan por un redescubrimiento del poder de Dios, un sentido renovado de su grandeza y santidad, la transformación moral en la vida de los cristianos y el impulso misionero a llevar el Evangelio a quienes todavía no lo conocen. Eso es lo sustantivo de los verdaderos avivamientos. Los desbordes emocionales y los cambios de género musical o estilo de comunicación son adjetivos.

La misión cristiana no es una simple empresa humana. No es únicamente un plan que nace en la imaginación afiebrada de algún entusiasta religioso. Es Dios por su Espíritu quien impulsa el avance evangelizador de la Iglesia por el mundo; es una iniciativa de Dios a la cual el discípulo se suma en obediencia gozosa. Así lo vemos a lo largo de las páginas de la Biblia por las cuales haremos un breve recorrido antes de sentar los principios resultantes.

En la Gran Comisión

Los cuatro evangelistas nos ofrecen una versión de la forma en que Jesús comisionó a los discípulos luego de su resurrección. La versión más conocida y explícita, y que sirvió como inspiración al desarrollo de las misiones protestantes modernas, es la de Mateo. Este evangelista relata que los discípulos cuando vieron a Jesús resucitado «lo adoraron», y que el Maestro entonces les dio sus instrucciones finales: «Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.» (Mt 28.18–20) La autoridad para enviar la ha recibido el Maestro que murió y que ha resucitado. Es una autoridad que no se limita a la Tierra en la que se da la acción misionera, sino al universo entero. Los discípulos enviados son los que han reconocido al Señor resucitado y le han adorado.

Los relatos de Lucas y Juan destacan además el gozo de los discípulos al reconocer al Señor y adorarlo en el momento de recibir la comisión. Lucas insiste de varias maneras en que los discípulos enviados han comprendido de manera nueva las promesas de Dios porque Jesús «les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras» (Lc 24.45, comparar con 27 y 32). Luego de recibir la comisión, narra Lucas, «Ellos, entonces, lo adoraron y luego regresaron a Jerusalén con alegría» (24.52).

La versión de Juan, al igual que la de Lucas, hace referencia también a que Jesús mostró a los discípulos las señales de su sufrimiento en la cruz y les dio evidencias de su resurrección. Jesús se les aparece en forma inesperada y los saluda: «¡La paz sea con ustedes! Dicho esto les mostró las manos y el costado. Al ver al Señor los discípulos se alegraron» (Jn 20.19–20). Esta conjunción de sufrimiento, triunfo y alegría reaparece en el relato de Hechos de los Apóstoles. Los apóstoles, es decir los misioneros, han tenido una confrontación más con las autoridades de Jerusalén y han recibido azotes. Entonces, el narrador comenta: «Así pues los Apóstoles salieron del Consejo llenos de gozo por haber sido considerados dignos de sufrir afrentas por causa del Nombre». (Hch 5.41) No podemos contemplar la obra de Cristo en la cruz ni experimentar el poder de su resurrección sin ser movidos a la adoración reverente, gozosa. De ella brota la acción misionera y la persecución no logra amedrentarla.

En el Antiguo Testamento

Esta secuencia de encuentro con el Señor, sorpresa y alegría que precede al cumplimiento de las órdenes de Aquél que envía a los misioneros está arraigada en el modelo del Antiguo Testamento. Moisés, Elías, e Isaías son siervos que, antes de poder llevar la Palabra de Dios al pueblo, tienen un «encuentro con Dios», es decir, una experiencia profunda de adoración seguida de la purificación que viene de ese encuentro con el Dios de santidad. Moisés en el libro de Éxodo escucha la comisión divina luego del encuentro con Dios en el episodio de la zarza ardiente. En este instante sagrado, en esta experiencia de contemplación, Moisés tiene que quitarse las sandalias en señal de respeto y sumisión. El Dios que lo envía, afirma primero su poder manifestado en medio de la historia: «Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob». ¿Qué ha de hacer el futuro misionero en este trance? «Entonces Moisés cubrió su rostro porque tuvo miedo de mirar a Dios.» (Éx 3.6)

Isaías cuenta su propia experiencia con elocuencia en el capítulo 6 de su libro, un pasaje ampliamente conocido que ha sido paradigma de la espiritualidad misionera a lo largo de los siglos. Las imágenes del relato de la visión comunican la grandeza y santidad del Dios que envía: «Vi al Señor sentado sobre un trono muy alto; el borde de su manto llenaba el templo. Unos seres como de fuego estaban por encima de él» (Is 6.1–2 DHH). Comunican también el sobrecogimiento del profeta: «Pensé ¡Ay de mí, voy a morir! He visto con mis ojos al Rey, al Señor todopoderoso; yo que soy un hombre de labios impuros y vivo en medio de un pueblo de labios impuros» (v. 5). El profeta es enviado en ese contexto de adoración en el cual contempla la gloria de Dios y una brasa de fuego santo quema sus labios. Lo resume bien la «Canción del testigo» de los Focolari:

Tu Palabra es una carga que mi espalda dobló, Es fuego tu mensaje que mi lengua quemó.

Déjate quemar si quieres alumbrar No temas, ¡contigo estoy!

En la práctica de la Iglesia primitiva

Volviendo al relato de la misión en el libro de Hechos, en los capítulos iniciales se nos ofrece dos descripciones didácticamente resumidas acerca de la vida diaria de la Iglesia de Jerusalén: su experiencia de vida comunitaria, la solidaridad con los necesitados, los milagros y señales (Hch 2.41–47 y 4.32–35). Ambos pasajes comunican la idea de un impacto sobre la población en el cual aunque hay acciones humanas concretas, Dios tiene la iniciativa. Así «cada día el Señor hacía crecer la comunidad con el número de los que él iba llamando a la salvación» (2.47 DHH) y «los apóstoles seguían dando un poderoso testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y Dios los bendecía mucho a todos» (4.33 DHH). En ambos casos se destaca la atmósfera de culto, adoración, reverencia y obediencia a Dios que caracterizaban la nueva vida de esos creyentes, unidos en una comunidad de propósito y acción. También en ambos casos se destaca la nota de alegría y entusiasmo gozoso.

En el caso de la gran iglesia misionera de Antioquía, el Señor indica a la iglesia que envíe a Saulo y a Bernabé en un viaje evangelizador que iba a marcar una nueva etapa en la misión. La indicación divina viene precisamente cuando en la Iglesia «estaban celebrando el culto al Señor y ayunando» (Hch. 13:2 DHH). Esta versión, Dios habla hoy, ha traducido de manera más comprensible lo que dice el original. El verbo puede referirse tanto a toda la congregación como al grupo de profetas y maestros que se mencionan por nombre, pero el hecho es que el ámbito del envío misionero es el culto, la adoración a Dios, la práctica de la espiritualidad.

En la enseñanza apostólica

No sólo en su práctica el apóstol Pablo tenía una evangelización que partía de la adoración, sino que en su enseñanza insiste en la iniciativa divina. En el famoso pasaje sobre la reconciliación, en el cual habla de los predicadores del Evangelio como «embajadores de Jesucristo», y de la obra poderosa que Cristo está operando, haciendo nuevas todas la cosas, afirma con claridad: «Todo esto proviene de Dios, quien por medio de Cristo nos reconcilió consigo mismo, y nos dio el ministerio de la reconciliación» (2 Co 5.11–21). Es decir, todo esto proviene de Dios y los misioneros son sólo siervos de ese propósito salvador de Dios que los mueve, los constriñe, los sostiene.

En realidad, a partir del capítulo 3 de esta Segunda Epístola a los Corintios el texto está empapado de una nota de reverencia y adoración al Señor que precede a la acción del ministro de Dios, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Pacto. Bien lo resume el texto de la versión Dios habla hoy: «Por eso, sabiendo que al Señor hay que tenerle reverencia, procuramos convencer a los hombres» (2 Co 5.11 DHH). En este texto de rica significación misiológica Pablo retoma los elementos que habíamos visto en los relatos de la Gran Comisión en los Evangelios: el sufrimiento, el triunfo de Cristo, la adoración rendida y la comisión al servicio. Es aquí que Pablo usa una expresión que comunica bien la admisión de precariedad por parte del misionero, junto a la sublimidad de la tarea en que está embarcado: «tenemos este tesoro en vasijas de barro para que se vea que tan sublime poder viene de Dios y no de nosotros» (2 Co. 7).

El misionero aquí parece empeñado en comunicar la fragilidad, la flaqueza, la precariedad de los instrumentos humanos que Dios usa (2 Co 4.7–12). El contexto de la Epístola muestra que quien recibe esta carta era una iglesia rica que se preciaba de tener grandes predicadores y que disponía de medios económicos más abundantes que las iglesias pobres como las de Macedonia (8.1–7). Pero era una iglesia que necesitaba recuperar un sentido de adoración y santidad y una unidad de propósito para realizar su misión. Pablo por ello insiste en la debilidad de los instrumentos humanos que permite recordar la precedencia del poder divino, porque la verdadera tarea misionera es, humanamente hablando, imposible: «¿quién es competente para semejante tarea?» (2.16). Lleva a la humilde confesión: «No es que nos consideremos competentes en nosotros mismos. Nuestra capacidad viene de Dios.» (3.5)

Algunos principios básicos

Teniendo en cuenta el fundamento bíblico y también las experiencias de la historia cristiana de estos veinte siglos, podemos formular algunos principios que han de servirnos como guía.

Una misión auténtica brota de la adoración.

El Evangelio, que es el mensaje que anuncian los misioneros de Jesucristo, no es invención humana ni es solamente fruto del genio religioso de un pueblo. Es en primer lugar Palabra de Dios que viene al hombre. Es la Palabra de un Dios que se manifiesta y revela su propósito para su criatura humana: la ha creado y la quiere salvar. La existencia de Israel como nación y como realidad histórica en el mundo estaba vinculada al propósito de Dios de bendecir a todas las familias de la tierra. El misterio de la elección de uno es para bendición de muchos. El Dios que llamó a Abraham es el que aparece primero activo poniendo orden en el caos y creando al ser humano, estableciendo un pacto con su criatura a la cual llama a la libertad y a la tarea creativa de completar lo que falta hacer en el mundo: «Él habló y todo fue creado, dio una orden y todo quedó firme» (Sal 33.9); «Él es quien da a todos la vida, el aliento y todas las cosas. De un solo hombre hizo todas las naciones, para que habitaran toda la tierra; y determinó los períodos de su historia y las fronteras de sus territorios» (Hch 17.25–26).

Dios llama a Abraham y partiendo de esa familia patriarcal forma un pueblo, pero no aparece en la Biblia como una simple deidad tribal al servicio de los intereses de ese pueblo. Aun en medio de las peripecias históricas más difíciles el propósito universal de Dios y el alcance universal de su amor están siempre presentes en la enseñanza bíblica. Los salmos y los profetas son como un comentario a los eventos de la historia del mundo y de Israel que preparan la venida del Mesías. La revelación de Dios culmina cuando él se acerca al ser humano en Jesucristo, Emanuel: Dios con nosotros; un Dios que revela su grandeza en la creación y su santidad en la Ley, los Profetas y Jesucristo. Lo que cabe al ser humano que escucha esa Palabra y le hace caso es la adoración. Esa es la respuesta reverente y gozosa a la verdad de la Palabra que Dios le envía.

Encontrarse con Dios, como lo vemos desde Adán y Enoc hasta Moisés e Isaías, desde Juan el Bautista hasta Pablo y Juan el vidente de Patmos, es más que una operación puramente intelectual. No se trata de acumular conocimientos nuevos como podría hacerlo una computadora. Se trata de un encuentro personal que nos sacude hasta los cimientos; de una relación que nos hace clamar como Pedro: Apártese de mí Señor porque soy hombre pecador (Lc 5.8 DHH); de una relación que nos hace «quitarnos las sandalias» como Moisés, sobrecogidos por esa extraña mezcla de espanto y temor santo que ni siquiera puede ser apropiadamente descrita por el lenguaje humano.

Hay sorpresa y gozo en la adoración cuando capto con vigor renovado el hecho maravilloso de que la muerte en la cruz fue por mí y para mí, y que ella me abre un camino nuevo al Padre. Tratemos de ponernos en el lugar del hijo pródigo que regresa arrepentido, ensayando un discurso que se le queda en la garganta cuando ve al padre que no sólo lo espera sino que corre hacia él con los brazos abiertos. Nos vemos entonces a nosotros mismos y nos sentimos como el publicano que allá atrás en el templo, ni siquiera se atrevía a levantar los ojos al cielo sino que decía «¡Oh Dios, ten compasión de mí que soy pecador!» Entendemos entonces a Jesús que nos dice: «No se alegren de que puedan someter a los espíritus, sino alégrense de que sus nombres están escritos en el cielo» (Lc 10.21).

La misión que brota de esa experiencia es auténtica. Es al calor de una adoración así que afirmamos que «no podemos callar lo que hemos visto y oído» y exclamamos con Pablo «ay de mí si no anuncio el Evangelio». Tal evangelización auténtica es muy diferente de una técnica de ventas que se nos impone por la fuerza, creando en nosotros un sentido de culpa o que nos desafía con las falsas metas de engrandecernos a nosotros mismos, a nuestra denominación, nuestra organización, nuestra para-iglesia, nuestro pequeño imperio.

Cuando como pueblo de Dios hemos experimentado nuestro encuentro con Él, cuando Su palabra nos ha sido expuesta con poder y hemos respondido con el «Amén» de himnos, oraciones, silencios o entusiasmos, es entonces cuando de la manera más natural quisiéramos recorrer cualquier camino para anunciar Su palabra a los otros seres humanos. Es un hecho que los más efectivos y entusiastas evangelizadores y misioneros han sido personas acostumbradas al «encuentro con Dios», poseídas por el gozo de la presencia del Señor, trátese de aquellos que han hecho historia como Agustín de Hipona, Francisco de Asís, Raimundo Lulio, Martín Lutero, Francisco Javier, Juan Wesley, Diego Thomson, Francisco Penzotti, o de aquellos creyentes anónimos, hombres y mujeres que hemos conocido en iglesias y misiones de toda América, África, Asia y Europa —esos discípulos cristianos que saben ganar nuevos discípulos sin aspavientos, sin publicidad, sin buscar gloria para sí ni beneficio económico.

La misión que brota de la adoración da toda la gloria a Dios

Cuando nace de una atmósfera de adoración, la misión cristiana busca ante todo la gloria de Dios. Resultan ilustrativas en el relato del Nuevo Testamento las ocasiones en que los misioneros son tentados a beneficiarse con la devoción religiosa de la gente. Así por ejemplo, en el caso de Pedro, el gozo de la nueva fe o el entusiasmo religioso lleva a un centurión a tirarse a sus pies y «rendirle homenaje». Pedro responde de inmediato: «Ponte de pie que sólo soy un hombre como tú» (Hch 10.25–26). En el caso de Pablo y Bernabé en Listra, una multitud entusiasmada quería ofrecerles sacrificios y los apóstoles poseídos de un furor reverente gritaron: «Señores, ¿por qué hacen esto? Nosotros también somos hombres mortales como ustedes» (Hch 14.14–15). Esta prontitud en la reacción refleja el celo por la gloria de Dios que marca al verdadero creyente. Es ese celo que nace, se expresa y crece en la verdadera adoración.

El peligro de una obra misionera que no nace de la adoración es que se torna empresa puramente humana para dar gloria a los hombres, para vender metodologías, para mercadear libros y casetes, para dar trabajo a los especialistas en estadísticas. Entonces la misión deja de ser esa empresa en la cual el gozo, la sorpresa y la expectativa inundan al pueblo de Dios. Circulan por el mundo muchos proyectos de misión o evangelización que son más bien operaciones casi comerciales, que se pueden hacer con frialdad profesional, que se pueden reducir a técnicas tan precisas que ni siquiera hace falta que actúe el Espíritu Santo.

La lección de Isaías, en su encuentro con Dios al cual hicimos referencia antes, es que los labios del evangelista han de ser purificados, y podemos decir que esa purificación no sólo alcanza las palabras sino las intenciones o motivos que hay detrás de ellas. Pablo insiste en su motivación: «Hablamos como hombres a quienes Dios aprobó y les confió el Evangelio: no tratamos de agradar a la gente sino a Dios, que examina nuestro corazón.» (1 Ts 2.4)

Un recorrido por la historia de las misiones muestra cómo cambiaron los modelos de misión a partir de la experiencia constantiniana, es decir, del momento en que la iglesia cristiana se puso al servicio del estado romano por obra de Constantino. Empezaron a depender no del poder de la iniciativa divina sino del poder militar, económico o tecnológico. La misión realizada desde una posición de fuerza humana y de privilegio, es decir «la misión desde arriba», sólo puede purificarse por un constante ejercicio espiritual en el cual el misionero o misionera se hacen vulnerables como Pablo escribiendo a los corintios. Ello ha sido posible cuando ha habido una disposición a la inculturación, a vivir en medio de aquellos a quienes se sirve y compartir su condición humana lo más plenamente posible. Siglo tras siglo ha habido misioneros que han logrado superar la tentación imperialista a depender del poder humano y no del poder de la cruz. Pero lamentablemente siglo tras siglo ha habido también misioneros que han convertido la misión cristiana en una empresa imperial puramente humana.

La Misión que brota de la adoración tiene resultados permanentes

Pasar de las tinieblas a la luz es algo imposible para los seres humanos. Sólo es posible cuando el Espíritu de Dios actúa poderosamente. «Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios» dijo Jesús (Lc 18.26–27). Pablo escribe en términos inconfundibles sobre aquellos que todavía no creen en el Evangelio: «el dios de este mundo los ha hecho ciegos de entendimiento, para que no vean la brillante luz del Evangelio del Cristo glorioso, imagen viva de Dios» (2 Co 4.4 DHH). Y líneas más abajo nos dice que todo el poder del Dios creador que mandó que la luz brotara de la oscuridad es necesario para que la luz de Jesucristo brote en nuestro corazón y podamos conocer a Dios. Evangelizar es pues comunicar este mensaje en el poder del Espíritu Santo, en la esperanza de que Dios actúe con poder y salve. Es decir, es algo muy diferente de vender enciclopedias o convencer a la gente para que se haga miembro de un club. Por eso es que sólo puede hacerse desde una atmósfera de profunda adoración.

El proselitismo superficial que conmueve masas en un estadio o teatro, o que las entretiene en conciertos de rock evangélico no siempre termina en la aparición de discípulos auténticos, que se hacen miembros de una iglesia local y que muestran las marcas de la nueva vida en Cristo. Por la misma razón, la evangelización en el contexto de la iglesia local, donde el evangelizado ve seres humanos como él, que encarnan la vida nueva en medio de las luchas propias de la vida cotidiana, tiene efecto más duradero, se presta menos al engaño y la superficialidad. Y por ello mismo es evangelización que brota de la adoración, del culto, en el cual, como el pueblo de Dios con el salmista, respondemos a Dios con toda nuestra vida. Ello nos obliga a ser mas honestos en la predicación y a confiar más en el poder y los recursos de Dios que en nuestros propios recursos humanos.

Por estas razones, en el caso de la misión transcultural la autenticidad misionera es una empresa a largo plazo. Llegar a conocer a las personas, entender una cultura diferente de la propia, dominar el idioma al punto que se llegue a captar las sutilezas de la conversación coloquial que es la que la gente usa cuando habla con el corazón en la mano, son todas habilidades que requieren tiempo y ciencia. Requiere una inmersión voluntaria y humilde en el mundo del otro para la cual el vocabulario especializado usa la palabra «inculturación». La idea nos remite, sin embargo, al hecho central de la fe cristiana: que en Cristo Jesús Dios se hizo humano, escogió hacerse como uno de nosotros. La palabra clásica del vocabulario cristiano es «encarnación».

Sólo la fe en Dios y la certeza de su llamado sostiene al misionero en los difíciles momentos iniciales de adaptación cultural y en la larga tarea de caminar lado a lado con los discípulos de Cristo en otra cultura. Hoy hay iglesias cristianas en casi todos los rincones del mundo. Es interesante comprobar que en los orígenes de aquellas que han persistido y viven su llamado misionero siempre vamos a encontrar pioneros que se inculturaron y sembraron allí la semilla del Evangelio. Fueron hombres y mujeres poseídos de una clara conciencia de la santidad de Dios, cuya vida misionera partía de un acto continuo de adoración. Y su forma de vivir y servir estaba modelada por el ejemplo de Jesucristo. Eran misioneros y misioneras que seguían en los pasos del Jesús a quien adoraban.

Ideas básicas de este artículo

  1. La misión cristiana es iniciativa divina a la cual el discípulo se suma en obediencia gozosa.
  2. El testimonio de la Gran Comisión en los cuatro evangelios y los Hechos de los Apóstoles da evidencia de que la acción misionera brota de la adoración que nace de contemplar la obra de Cristo en la cruz y experimentar el poder de su resurrección.
  3. El modelo misionero del Antiguo Testamento demuestra que los siervos antes de poder llevar la Palabra de Dios al pueblo tienen su experiencia profunda de adoración seguida de la purificación que viene de ese encuentro con el Dios de santidad.
  4. La experiencia de la iglesia primitiva destaca la atmósfera de culto, adoración, reverencia y obediencia a Dios. También destaca la nota de alegría y entusiasmo gozoso.
  5. Según la enseñanza apostólica se necesita un sentido de adoración y santidad y una unidad de propósito para que la iglesia realice su misión.
  6. Los principios básicos de la misión se resumen en que la misión auténtica brota de la adoración y como consecuencia da gloria a Dios y tiene resultados permanentes.

Preguntas para pensar y dialogar

  1. ¿Cuáles son los elementos que caracterizan a los grandes avivamientos espirituales?
  2. ¿Cómo define el autor la misión cristiana?
  3. Escriba cuáles son los principios básicos de la misión auténtica
  4. ¿Su iglesia basa el ejercicio de la misión en estos principios? Explique.
  5. ¿Qué aspectos específicos debe corregir su iglesia para realizar una misiología auténtica?
  6. ¿Qué pasos específicos debería dar su iglesia para basarse cien por ciento en los principios básicos de la misión auténtica?

©Apuntes Pastorales Volumen XX – Número 1, todos los derechos reservados.
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7 parábolas sobre el reino de los cielos

En este Bosquejo para sermones vemos siete parábolas o misterios sobre “el reino de los cielos”, los cuales son mencionados por Jesús en sus parábolas.

Texto base: Mateo 13

Vs. 1-3  Vs. 3 “Y les habló muchas cosas por parábolas…”

La palabra “parábola” aparece 36 veces en los cuatro Evangelios. En este capítulo Jesús usó esta palabra 14 veces contando las siete parábolas sobre el Reino de Dios.

¿Qué es una Parábola?  “Narración de un acontecimiento, de que se deduce una enseñanza moral.”  En la Biblia Jesús usó las parábolas para enseñar una verdad espiritual usando historias interesantes, objetos comunes y comparaciones con cosas muy conocidas.  Las parábolas fueron usadas para presentar una verdad espiritual dentro de algo conocido, y dejar al oyente poner la aplicación.  De esta manera el oyente tenía más probabilidad de guardar la enseñanza y aprender la lección.

En este capítulo tenemos siete parábolas o misterios (versículo 11) sobre “el reino de los cielos” Vs. 3. Tomando estas siete parábolas en conjunto tenemos la historia de la iglesia desde su principio hasta su fin. Fue Jesús quien inició la iglesia durante su ministerio aquí en la tierra.  “He aquí, el sembrador (Jesús) salió a sembrar” (Vs. 3) hasta su final “al fin del siglo” (Vs. 49).

Aquí tenemos la historia de la iglesia verdadera y de la iglesia falsa.  La iglesia falsa es lo que el mundo conoce por su apariencia (edificios hermosos, catedrales enormes, altares de oro y su entusiasmo por la doctrina falsa).  La iglesia verdadera es llamada el “Cuerpo de Cristo” (Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular. 1 Corintios 12:27); “La congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos” (Hebreos 12:23); La esposa de Cristo “porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado” Apocalipsis 19:7.   Solamente los verdaderos cristianos, los nacidos de nuevo, los que tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida (Apocalipsis 21:7) son parte de la verdadera Iglesia.

1.           La Parábola del Sembrador – Vs. 3-9, 18-23

En esta parábola tenemos el Sembrador que es Cristo y su iglesia (Vs. 3).  La buena semilla es la Palabra de Dios (Vs. 19) siendo sembrada en el campo, el mundo (Vs. 38).  También tenemos cuatro resultados de la siembra, cuatro tipos de oyentes y el resultado.

En versículos 18-23 tenemos la explicación de la parábola y la aplicación.  Vs. 19 habla de la semilla que cayó junto el camino y luego fue comido por las aves (el mundo y sus placeres).  Vs. 20-21.  Esta semilla cayó más distante del camino, pero la tierra no era fértil o profunda.  Es como personas que reciban luego cualquier doctrina, pero por no escudriñar las Escrituras, luego dejan de seguir.  Vs. 22 habla de personas que comienzan y por un tiempo asisten a una iglesia, pero por las preocupaciones de este mundo y sus falsas ofertas de satisfacción carnal, dejan de continuar en su busca de la verdad.  Solamente la semilla que cayó en buena tierra produjo fruto Vrs. 23. “el que oye y entienda la parábola”   Una cosa es oír de Jesús y otra cosa muy diferente de recibir a él como su Salvador personal y ser salvo y ser parte de la verdadera familia de Dios.  Un verdadero cristiano va producir fruto y mostrar al mundo su fe en Cristo.  Jesús dijo en otro lugar:

“Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.  Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.  Así que, por sus frutos los conoceréis.”  Mateo 7:16-20.

2.           La Parábola del Trigo y la Cizaña – Vs. 24-30, 36-43

En esta parábola tenemos el enemigo que es el diablo (Vs. 39) sembrando su semilla en la iglesia.  La semilla que Satanás siembra es de mentira, odio, discordia y divisiones.  Pero la iglesia verdadera aguanta todos estos ataques de Satanás y será victoriosa en el día final.  Jesús dijo,  “edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18).  Es interesante notar que la cizaña no consiguió sofocar el trigo igual que Satanás no puede destruir la Iglesia verdadera de Cristo.


3.           La Parábola de la Semilla de Mostaza – Vs. 31-32

Esta parábola da énfasis a la iglesia visible, la iglesia profesante que el mundo conoce por su apariencia externa.  Esta iglesia tenía su comienzo con el nacimiento de Jesús, que no fue percibido por el mundo.  Jesús nació humildemente y por 30 años el mundo no conoció que el Hijo de Dios estaba aquí en la tierra.  Pero como la semilla de mostaza creció hasta ser un árbol, la iglesia ha crecido y se ha expandido por todo el mundo.  En su ramaje, (bajo el nombre cristiano) Satanás ha venido a hacer sus nidos, sus falsas iglesias que profesan ser cristianas, pero por sus prácticas cualquier verdadero cristiano puede reconocer que son falsas.  Los peores crímenes contra la humanidad han sido cometidos por una de estas falsas iglesias que tiene su sede sobre siete montes en Italia (Apoc. 17:9).  Los peores atrocidades contra los verdaderos seguidores de Jesús fueron cometidos por esta iglesia falsa.

4.           La Parábola de la Levadura – Vs. 33

En la Biblia la levadura siempre representa el mal, el pecado, la corrupción, la falsa doctrina (Mateo 16:12).  Note la palabra “escondida”.  El falso siempre busca esconderse dentro de la verdad.  “Todo fue leudado”.  La iglesia falsa va de mal en peor y yo creo que va a continuar después del rapto de la verdadera iglesia (1 Tesalonicenses 4:13-18). Los eventos del Apocalipsis 17 acontecerán durante la Tribulación cuando la verdadera iglesia está en los cielos con Cristo.  Los líderes del mundo van finalmente librarse de esta falsa iglesia cuando ella será destruida. (Apocalipsis 19:16-18)

5.           La Parábola del Tesoro Escondido – Vr. 44

En estas próximas dos parábolas tenemos la iglesia verdadera, la iglesia que es su cuerpo, su novia.  La iglesia de quien Jesús es la cabeza.

“Un tesoro escondido en un campo”  Sabemos que según Vr. 38 “el campo es el mundo”.  En el mundo hay luz, porque los cristianos son “la luz del mundo” (Mateo 5:14), pero la mayoría de las personas no lo encuentran la Luz, porque prefieren quedarse en sus pecados, no queriendo buscar este tesoro.  Pero cuando alguno lo encuentra, lo esconde en su corazón.  Pero este tesoro no puede ser escondido, porque cuando Cristo entra en una vida, hay una transformación interna que se refleja en el rostro y de la vida.

“Entonces todos los que estaban sentados en el concilio, al fijar los ojos en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel.”  Hechos 6:15

“Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús”.         Hechos 4:13

Hace muchos años dos hombres estaban buscando oro en una montaña, y uno de ellos encontró una piedra muy singular.  Partiéndolo, quedó electrizado al ver que contenía oro. Trabajando duramente, pronto los hombres descubrieron una abundancia del precioso metal.  Embargados de gozo, empezaron a gritar contentos: “¡Lo encontramos! ¡Lo encontramos! ¡Somos ricos!”  Pero tuvieron que interrumpir su celebración para ir a una ciudad vecina, y aprovisionarse.  Antes de salir del campamento, acordaron que no dirían nada a nadie acerca de su hallazgo.  Y, desde luego, ni uno de ellos dijo ni una palabra de ello a nadie mientras estuvieron en la ciudad.  Pero, para su sorpresa, vieron cuando estaban dispuestos a retornar a su campamento, que había cientos de hombres dispuestos a seguirles. Cuando preguntaron a la multitud quién era el que había revelado su secreto, vino la respuesta: “Nadie. ¡Vuestras caras lo mostraban!”

“Va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo”  Esta persona no está comprando la salvación, porque ya la encontró.   Ahora quiere poseer todo el campo, todo que el Señor tiene para él.  Está dispuesta a vender todo para seguir a Jesús y cumplir Su voluntad.  Para mi esto representa un cristiano dispuesto a seguir a Jesús, cualquier que sea el costo.  Jesús dijo a un joven que quería seguirlo: “Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme”  Mateo 19:21.

6.           La Parábola de la Perla de Gran Precio – Vs. 45-46

Esta es la segunda parábola sobre la verdadera iglesia.  La salvación es individual, “un hombre”,  “un mercader”.  Los dos vendieron todo para poseer este tesoro.

La renombrada cantante de ópera, la sueca Jenny Lind, fue a Nueva York durante la época culminante de su fama e influencia en el mundo de la música.  Durante su visita, asistió a un servicio en el que predicaba el Pastor Olaf Hedstrom. Al finalizar la reunión, fue a hablar con el ministro, por cuanto sentía la carga de sus pecados pesando sobre ella.  Después de oír acerca de sus problemas, el predicador le presentó las demandas de Cristo.  Jenny Lind lloraba al arrodillarse e invocar el nombre del Señor, y fue gloriosamente salvada.  Hedstrom recibió más tarde varias cartas en las que ella le expresaba su aprecio por la ayuda espiritual que había recibido.  Dijo que había decidido a dejar el teatro definitivamente y para siempre. Esta decisión hizo sensación, y sus admiradores se manifestaron amargamente en contra.  Pero ella se mantuvo firme en su propósito, y se dedicó a seguir metas celestiales.

Un día una amiga halló a la antigua celebridad sentada en la playa con una Biblia abierta en su falda.  Después de haber hablado un cierto tiempo, vino la pregunta inevitable: “A qué se debió que dejaras el escenario precisamente en tu tiempo de mayor fama?”  Estuvo un momento silencioso, y después dijo con profundidad: “Cada día que pasaba, la actividad teatral me hacía pensar menos en mi Biblia, y a duras penas en todo lo que hay más allá de esta vida, así que, ¿qué otro camino podía tomar, más que éste?”

Este tesoro está en el mundo, pero no es del mundo.  Este es un tesoro que solamente los que buscan de corazón, lo encontraron.

7.           La Parábola de la Red – Vs. 47-50

En esta última parábola sobre “el reino de los cielos” tenemos la iglesia verdadera y la iglesia falsa.  La iglesia verdadera dentro la falsa,  las dos en el mundo.  La “red” fue echada en el mar.  Según Isaías 57:20 el mar es el mundo perdido, “Pero los impíos son como el mar en tempestad, que no puede estarse quieto, y sus aguas arrojan cieno y lodo.”

Jesús ordenó a su iglesia a lanzar la red en el mar y recoger todos los peces que ella pueda.  El trabajo de la iglesia no es para ser un tribunal que juzga a las personas que quieren entrar en sus puertas.  La iglesia es para toda clase de peces.  El trabajo de la iglesia es para lanzar la red, y tratar de adoctrinar todos los miembros, enseñando las cosas que Jesús ordenó.  Muchas veces un pez para el mundo es muy feo, desagradable y sin ningún valor, pero el poder de Dios puede cambiar el corazón de un hombre y hacerle apto para entrar en el reino de Dios.

Mel Trotter vivía en la ciudad de Chicago pero era un borracho. No conseguía vivir sin el licor y cuando su niñita murió vendió sus zapatos nuevos para comprar la bebida.  Unas semanas después cuando estaba pensando en quitar su vida,  en una noche fría el estaba pasando por las calles de la cuidad y vio una luz y gente cantando.  Un señor en la puerta lo vio e invitó a entrar.  Era un servicio evangélico y cuando se hizo la invitación el fue a la frente y aceptó a Cristo como su Salvador. Su vida se transformó y luego se tornó una nueva persona y dedicó su vida al Señor y se tornó un gran predicador en aquella ciudad por muchos años.

En esta parábola leamos sobre la siega, “al fin del siglo” cuando todos las peces serán recogidos.  Es interesante notar que las peces buenos son recogidos primeros (Vs. 48) como la verdadera iglesia de Cristo será raptada de este mundo antes del fin.  Leamos sobre este evento en 1 Tesalonicenses 4:13-18 y 1 Corintios 15:51-52.  Este evento acontece antes de “la tribulación”. La iglesia falsa continuará por lo menos siete años más, en cuanto la verdadera iglesia está gozando “las bodas del Cordero” en el cielo  (Apocalipsis 19:9-10).

Después vendrá el fin cuando los peces malos son recogidos, y juzgados por el Señor (Vs. 49-50).  Este es conocido como “el juicio del gran trono blanco” (Apocalipsis 20:11-15).  En este evento los malos serán juzgados por sus obras y castigados en el Lago de Fuego, el infierno eterno por toda la eternidad.

Jose Alberto Vega
Ministerios El Punto Cristiano
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¿Que hacer con el sufrimiento?

"A Dios clamé estando en angustia, y Él me respondió”.  Salmo 120:1

Esta es la expresión de un hombre de Dios cuyo corazón estaba quebrantado.  Puede ser también la tuya atravesando momentos de sufrimiento o quebranto.

El sufrimiento es parte de la vida.  Creo que todos los seres humanos lo necesitamos e indudablemente lo experimentamos en algún momento de nuestro transitar por este mundo.   Es a través de él que entendemos que hay un ser Soberano, que entiende lo más profundo del corazón del hombre y de la mujer, Dios, y a quien podemos acudir en busca de auxilio.

Es a través del sufrimiento que afloran nuestras asperezas, nuestras actitudes, nuestras motivaciones, nuestro egocentrismo.

En el sufrimiento las lágrimas brotan de nuestros ojos, y son una expresión del alma por el  dolor que sentimos.  El sufrimiento puede arroparnos por varias causas: enfermedades terminales, discapacidades, muerte, abusos, rechazos, malas noticias, separación, desobediencia a la ley divina.  Ante el sufrimiento, necesitamos tomar decisiones, y dependiendo de ellas, al final veremos los frutos.

Jesús dijo: “En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo”. Juan 16: 33.

Tenemos que enfrentar el sufrimiento.

Bárbara Johnson, autora de best-séller, humorista y oradora de conferencias muy solicitada, es una mujer que ha experimentado mucho dolor por el accidente devastador que casi dejó a su esposo ciego y comatoso, como un vegetal; las muertes violentas de dos de sus cuatro hijos, y finalmente, el descubrimiento de la homosexualidad de otro hijo.

Tengo unos amigos, quienes enfrentan el dolor de ver a su pequeñita hija de 4 años, postrada en una cama como un vegetal.  Después de verla sana, alegre correteando en su casa, de pronto una alta fiebre atacó su cerebro, dejándola en tal estado de gravedad.

Ante todas estas situaciones, nos preguntamos:   ¿Por qué?

Unos expresan dolor, otros, ira, enojo, otros culpan a Dios, a la gente o a las circunstancias, o a sí  mismos, otros caen en depresiones, otros deciden terminar con su vida y se suicidan.

Pero, nos preguntamos, ¿son normales tales reacciones?  Doy gracias a Dios que nos ha hecho con emociones y podemos llorar, reír, gritar, etc.  La cuestión aquí es que además de que Dios nos ha dado emociones, también nos ha dado dominio propio y es allí donde tenemos que hacer un alto y reflexionar acerca de nuestras reacciones frente al sufrimiento.

El experimentar sufrimiento en algún momento de nuestra vida, debe llevarnos a hacer algunas preguntas: ¿Es mi culpa?  ¿He desobedecido leyes humanas o divinas?  ¿He descuidado lo que Dios me ha dado?  ¿Es por culpa de otros cuyas palabras y acciones han hecho pedazos mi vida?  ¿Es por el rechazo que viene de un ser querido en la familia?  ¿Es porque somos perseguidos y porque nos difaman?  ¿Es porque otros se aprovechan de nosotros, nos usan, o porque es difícil llevarse bien?  ¿Es porque las circunstancias adversas de la vida me han tocado?

Cualquiera que sea la respuesta, y dependiendo de nuestra actitud, el final será provechoso si sabemos que nuestra vida esta en manos de aquel quien nos trajo a este mundo con un propósito específico: “Dar gloria a El”

Veamos algunos ejemplos de personajes bíblicos que experimentaron sufrimiento y cómo reaccionaron.

Ana es una mujer que experimentó  el sufrimiento a través de su esterilidad, y a través de la humillación de su sierva.  Su reacción fue de llanto,  tristeza y dolor, pero también de tomar una decisión firme al ir en busca de ayuda de aquel quien es un Dios Todopoderoso, Omnisciente, Omnipresente, a pesar de la mala interpretación del siervo de Dios quien la observaba en su momento de dolor y angustia.  1 Samuel  1:6-10

El sufrimiento de Abigail radicó en el marido que tenía.  Un hombre duro y de malas obras, en contraste con ella quien era una mujer de entendimiento.  Esta mujer ante su sufrimiento, supo callar y actuar sabiamente en un momento crucial de su vida y de su familia. 1 Samuel. 25:3.

No hay nadie que haya experimentado más sufrimiento en su vida como lo experimentó Jesús.  Fue traicionado, perseguido, criticado,  angustiado, y el momento más difícil de su vida fue antes de dar su vida por la humanidad, cuando estando en Getsemaní oro: “Padre, si quieres, pasa de mi esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.  Y  estando en agonía, oraba más intensamente, y era su sudor  como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra”. Vemos su reacción ante el sufrimiento: dispuesto a hacer siempre la voluntad de su Padre y  cumplir su meta en esta tierra. Isaías 53: 3-10.

El sufrimiento es parte de la vida. Dependiendo de la actitud que tomemos frente a él, la vida se hará más llevadera, o se tornará en una carga muy difícil de soportar.

Podremos utilizarlo como un ministerio de consolación, así como lo hizo Jesús: “Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados”  (Hebreos 2:8).

 “CUANDO EL CORAZÓN SE QUEBRANTA, LA ACTITUD ES LO QUE CUENTA”

Si tu corazón está quebrantado, te animo a que descanses plenamente en Dios, él,  mejor que cualquier persona en este mundo, te entiende y sabe cómo consolarte.

Alva Vargas de Contreras
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¿Cómo estudiar la Biblia?

Muchos cristianos hoy en dia estan descuidando una parte fundamental de su vida espiritual como es el estudio biblico. Las ocupaciónes los ajetreos y las preocupaciónes dejan poco o ningún espacio para leer la Biblia.

El método inductivo de estudio bíblico consiste en tres elementos prácticos que se realizan uno después de otro pero que, de alguna manera, se entrecruzan y potencian: Observación, Interpretación y Aplicación.

1. Observación – Responde a la pregunta: ¿Qué dice el pasaje?

Este primer paso establece los cimientos sobre los cuales se edificará el resto del estudio bíblico. ¿Alguna vez ha leído alguna parte de la Biblia y cinco minutos después no puede recordar lo que leyó? Muchas veces leemos la Biblia con nuestros ojos pero no con nuestras mentes.

Esto se debe a que leemos sin prestar la debida atención a la lectura, o que leemos un largo pasaje de las Escrituras y no lo releemos o que, simplemente, creemos que la lectura bíblica se grabará profundamente en nuestras mentes, casi mágicamente, y que nunca olvidaremos lo que leímos.

Por otro lado, debemos ser conscientes de que descubrir qué dice el pasaje toma tiempo y esfuerzo. Es leer con atención, asegurarnos de comprender el significado de cada palabra, saber cómo se relacionan las distintas oraciones y, en definitiva, saber explicar en nuestras propias palabras qué dice el pasaje. Una vez que nos aseguramos de saber lo que dice el pasaje leído, debemos pasar al segundo paso.

En este primer paso, la lectura repetida del pasaje elegido es muy importante. Leer una y otra vez hasta que el pasaje «se haga carne» en nosotros. Cuanto más leamos el pasaje elegido su significado será más claro en nuestra mente.

2. Interpretación – Responde a la pregunta: ¿Qué significa el pasaje?

Es claro que para interpretar cabalmente un pasaje debe basarse en una cuidadosa observación. La interpretación es el proceso de descubrir qué significa el pasaje. Cuando observamos cuidadosamente el pasaje, el significado se hará cada vez más cierto.

Es evidente que una interpretación apresurada puede llevarnos a interpretar mal el pasaje. No debemos suponer sino interpretar. No son mis pensamientos –ni los de ninguna otra persona– sino los de la Palabra de Dios los que tienen que salir a la luz.

A medida que practicamos estos sencillos pasos de estudio bíblico, será evidente que observación e interpretación son dos pasos que muchas veces se convertirán en uno, pues a medida que avanzamos en nuestra observación el significado del pasaje se hará cada vez más evidente. Por lo tanto, podemos decir que la interpretación fluirá de la observación naturalmente.

En este paso preste atención a los diferentes tipos de literatura. Por ejemplo, asegúrese sobre qué tipo de pasaje se trata. ¿Es algo literal o alegórico? ¿Es algo cultural –aplicado a un tiempo y espacio específicos– o es algo general? ¿Es profecía o narración? ¿Es una enseñanza o un evento histórico? Es decir, en este paso debe hacerse todas las preguntas que se le ocurran. ¿Qué pasa en el pasaje? ¿Quién habla? ¿Por qué dice lo que dice? ¿Cómo se hace lo que pide el pasaje? ¿Hay otros pasajes similares en alguna otra parte de la Biblia? Todas estas preguntas y cualquier otra serán claves para interpretar el pasaje. No se canse de «interrogar al pasaje». Las preguntas iluminarán el significado del pasaje.

3. Aplicación – Responde a la pregunta: ¿Cómo el significado del pasaje se aplica a mi vida?

Si bien es el tercer paso que presentamos, la aplicación es lo más importante del método. No solo debemos comprender e interpretar qué dice el pasaje, sino que debemos aplicar la enseñanza aprendida a nuestra vida diaria. La aplicación es el objetivo del estudio bíblico.

Una vez que comprendemos un pasaje bíblico, somos responsables de obedecerlo y vivirlo. Lo que busca el estudio serio de la Palabra de Dios es una vida transformada por el poder del Espíritu Santo actuando en nuestras vidas a través de la Escritura aprendida. A lo que apunta el estudio bíblico es a desarrollar una relación personal con Dios a través de su Hijo Jesucristo.

Recordemos las palabras de Pablo a Timoteo: «Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra» 2 Timoteo 3.16-17

Ese es el propósito de la Palabra de Dios, que cada persona que interactúe con ella sea enseñada, reprendida, corregida e instruida cabalmente con un claro objetivo: «Que la persona que busca agradar a Dios sea preparada, capacitada para toda clase de circunstancia.»

Cuando sabemos lo que Dios dice, qué significa lo que dice y lo aplicamos a nuestra vida, el resultado es ser una persona mejor para la gloria de Dios. ¿Será esto posible? No solo es posible, sino que es la voluntad revelada de Dios.

Vale la pena repetir que tanto la interpretación como la aplicación se basan en una correcta observación del pasaje bíblico, por tal motivo es de suma importancia que desarrollemos nuestra habilidad de observar cada pasaje bíblico con detenimiento. Esto tomará tiempo y esfuerzo pero vale la pena. A medida que practiquemos nuestra observación creceremos también en nuestra interpretación y aplicación del pasaje bíblico. No nos cansemos de observar cada detalle del pasaje elegido, comparémoslo con otros pasajes paralelos –por ejemplo, si es un pasaje de un evangelio busquemos el mismo episodio en otro evangelio y comparemos nuestra observación. Si es alguna enseñanza de Pablo, busquemos otra enseñanza paralela y comparémosla. Hagamos esto todas las veces que hagan falta hasta que estemos seguros de comprender el pasaje, luego pasemos a la interpretación.

No nos desanimemos si al principio lo resultados no parecen ser tan impresionantes como quisiéramos. Este método resulta de la práctica y cuanto más lo practiquemos más fácilmente aparecerán las enseñanzas.

Nunca olvidemos que la Biblia es la Palabra de Dios por lo tanto seamos siempre sensibles a la guía de Dios en nuestro estudio. Cuando alguna palabra o frase impacte su mente, deténgase y piense la razón, profundice su comprensión del pasaje y atesórelo en su corazón. Quizás Dios desee decirle algo específico. Preste atención. La memorización de esos pasajes que impactaron su vida de forma especial será una ventaja al adelantar en su estudio.

Cuando alguna enseñanza bíblica impacte su vida compare lo que aprendió con su propia vida y busque acondicionar su vida a la nueva enseñanza recibida.

A través del estudio diligente de la Palabra de Dios, bajo la guía del Espíritu Santo, podremos desarrollar la fortaleza necesaria para sobreponernos cuando las tormentas de la vida nos lleguen. Conoceremos más a Dios y podremos descansar en él de una manera más segura. Daniel 11.32 dice: «El pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará».

Jorge Juan Olivera
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La realidad de la fe

Nada hay tan peligroso como dudar de Dios. Quien duda de Dios tenderá naturalmente a desconfiar de Dios. Y si no puede confiar en Dios, ¿en quién podrá depositar su esperanza?

Ese es el riesgo o la ambivalencia de la fe. Quien la tiene, vive, vive de ella y con ella. Por contraste, si la pierde, la atrofia o la contamina, en esa medida prepara y adelanta su propia muerte. El hombre no puede vivir sin amor, pero para amar es indispensable y previo creer. Uno aprende a amar cuando se sabe amado primero. Dios nos amó primero.

No solemos tomar conciencia de los bienes que se nos regalan junto con la fe y que, obviamente, se pierden cuando ella se extingue o desvirtúa. La fe, en efecto, nos da la certeza de nuestra propia identidad y valer: Soy hijo de Dios, soy miembro de la iglesia de Cristo, soy templo del Espíritu Santo, soy persona en la iglesia y en el mundo. Por mí, por todos, ha muerto Cristo; yo valgo la sangre de un Dios; yo participo del sacerdocio y de la realeza de Cristo acorde a lo que expresan las Escrituras. Todos los cristianos somos la luz del mundo y la sal de la tierra. Yo participo de la naturaleza divina. Nuestro espíritu es creación de Dios, espíritu inmortal; y hasta nuestros cuerpos son obra también del Creador divino.

Nuestra fe nos da también una luz, una óptica para penetrar los misterios de la existencia y percibir en su trama dolorosa y con frecuencia incomprensible, una sabia intencionalidad y pedagogía de amor. Con esa luz se nos regala fuerzas, energías más que humanas para superar los más formidables obstáculos, sin detenernos siquiera ante el riesgo o el temor de la muerte, porque aun y sobre todo en la muerte, la fe descubre el camino que lleva a la plena posesión de la vida.

Creer es descansar, apoyarse con todo el ser e ilimitada confianza en Jesucristo, en su palabra, en su corazón, en la realidad que él es el Camino, la Verdad y la Vida del hombre. Nuestra fe es virtualmente todopoderosa siempre, y finalmente victoriosa. Es la “fe que vence al mundo”. Quienes la poseemos, la cultivamos y la ponemos en práctica, y con ello somos sobremanera dichosos e inagotablemente fecundos.

El justo vive de la fe. Si pierde la fe, muere. Todo el impresionante listado de valores que acompañan a la fe se vuelve en contra nuestra cuando dudamos y desconfiamos de Dios.

Recordemos: por la duda empezó el pecado. La primera pareja humana aceptó jugar con la duda y desconfianza en Dios. Hasta antes de escuchar el susurro hipócrita del sembrador de cizaña, del envidioso, mentiroso por naturaleza, Adán y Eva vivían en la fe ingenua que caracteriza a los niños: mi padre me quiere, y quiere mi bien. Todo lo que él hace lo hace por mí y por mi bien. Esta fue precisamente la convicción fundamental que Satanás procuró destrozar, sabiendo que sobre ella está construido todo lo demás. Si uno duda y desconfía de quien, por definición es el más llamado a amarlo a uno ya no habrá quien sea merecedor de confianza.

Y si nadie es digno de crédito, si de nadie se puede esperar nada que sea gratuito y favorable a nosotros, la única conducta congruente será considerar a todo el mundo como enemigo potencial y dedicarnos fríamente a salvaguardar nuestros propios intereses. Todo quiebre en la fe y confianza en Dios repercute de inmediato en la fe y confianza en el hombre. La guerra, la violencia y el odio homicida son la trágica documentación de un naufragio de la fe en Dios. Cuando Caín dudó de que Dios le amaba, su primera reacción fue matar a su hermano.

Diversas son las razones o circunstancias capaces de inducir un debilitamiento de la fe o una duda corrosiva de ella. Puede ser la deficiente o nula formación recibida, o la negligencia en complementar y perfeccionar la que se recibió. El mal ejemplo de los testigos de la fe contribuye, por cierto, a desorientar a los creyentes que se miran en ellos. Muchos de ellos, “predicadores”, han dejado tras de sí almas totalmente desprovistas de fe alguna en Dios y en Cristo.

La propaganda, insidiosa y persistente de quienes se interesan en divulgar que la iglesia de Cristo es una “creación” de los norteamericanos, quienes llegan a los países a “enriquecerse” predicando y a “dogmatizar el gobierno de su país” sin dejar que los naturales puedan tomar el control del “negocio”, no deja de cobrar víctimas en los menos fuertes o menos hábiles en discernir. El espectáculo de las injusticias que claman al cielo, la brutalidad de la guerra y el terrorismo, la tremenda desigualdad social entre los menos y los más, favorecen la duda sobre la bondad, el poder y aun la existencia de Dios.

El misterio del dolor, sobre todo cuando asume formas en extremo crueles y absurdas, se clava como espina porfiada en el corazón del hombre y le hace gemir de miedo y angustia, hasta preguntar: ¿Dónde estás. Señor, y si estás ahí, por qué no respondes?” A la propaganda atea y corrosiva, hábilmente disfrazada de humanismo y hasta de teología, se debe responder con una inalterable fidelidad a Dios y fe en Cristo como Salvador.

En la pesadilla de los problemas humanos inherentes a la vida, a la pesadilla de la violencia descubriremos siempre, como raíz, el olvido y desprecio a Dios: así cada injusticia, cada desprecio, cada día nos urgirá a respetar y hacer respetar, como sagrada, toda vida humana rescatada por la sangre de Cristo.

Por medio de las Escrituras podemos entender que tres simples miradas pueden ayudar al diario ejercicio y perfeccionamiento de nuestra fe.

La primera se vuelve hacia el pasado. Todo lo que ocurrió, y en especial lo más doloroso e incomprensible, se nos aparece hoy en una nueva perspectiva. Ahora, como cristianos, más serenos, más maduros espiritualmente, descubrimos que Dios tenía la razón; que él es sabio y bueno, y todo lo hace bien. Es decir, pensando en nosotros quiere nuestro provecho y que logremos la vida eterna. Mirar el pasado desde esta perspectiva nos ayudará mucho a creer en la bondad y sabiduría de Dios.

Lo mismo ocurre cuando miramos el presente, si es que lo hacemos con objetividad y ecuanimidad (justicia). Nos faltan cosas; no nos resultan nuestros planes; pero las que tenemos y disfrutamos, y las que sí resultan bien superan en mucho a las anteriores. Cuando nuestra fe se ejercita en valorizar rectamente el presente, culmina siempre en un “gracias a Dios”.

¿Y el futuro? La fe nuestra se debe ejercitar atreviéndose, imaginando. Esto es en el sentido de lo que sabemos que es Dios para nosotros.

Un cristiano hace con gusto tareas que para otros parecen imposibles, pone en ellas cuanto está de su parte; y el resto se lo deja a Dios.

Hay que darle a Dios un espacio, un tiempo, una oportunidad. Si él nos invita a caminar sobre el agua de las dificultades, caminemos y no dudemos. Pocas cosas ofenden tanto a Dios como que se desconfíe de él. “¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?” (Mateo 14.31). La primera verdad, el primer grito de nuestra fe, es y debe ser: “¡Señor mío, y Dios mío!” (Juan 20.28).

Atilio S. Pinto La Voz Eterna
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El amor en el noviazgo

Mi esposa Debbie y yo tuvimos una hermosa época de noviazgo. Cuando nos conocimos no éramos cristianos y nos divertíamos como cualquier joven. Frecuentábamos bares y discotecas. La vi por primera vez el día que un amigo me pidió que lo acompañara donde estaba su novia. Yo acepté y nos fuimos en una motoneta hasta la casa de quien resultó ser tía de Debbie.

Al entrar al salón donde había varios jóvenes jugando pictionary, sus grandes y profundos ojos, con esas impresionantes pestañas se clavaron en mi persona. Me sentí un poco incómodo porque tenía a su novio al lado y pensé que se molestaría, aunque era un joven pequeño y delgado que no me daría mucha pelea. Así son los jóvenes que “calculan” al contrincante.  Ella fumaba y tomaba una copa. Esa noche me ofreció un trago.

Luego, se fue de viaje, cortó al novio y no la vi en uno o dos meses. Después de ese tiempo, fuimos al cine en una salida que organizó un grupo de amigos. Luego me contaron que ella no quería salir pero se arregló rápidamente cuando le dijeron que yo estaría allí.

La pastora fue decidida, no se desprendió de mí en todo el rato. Platicamos durante la película, al punto que no recuerdo de qué trató. Dentro del grupo encontré a una amiga con la que fuimos a comprar golosinas y Debbie la miró con ojos de “no me lo quitarás”.

Después, aseguró la siguiente cita diciendo que llegaría a traerme para que  almorzáramos. Nunca nos despedíamos sin que me dijera: “¿Qué hará por la noche?” O bien: “Vamos a bailar”. Salimos durante 15 días, hasta que una tarde en su casa me dejó solo en la sala. Tiempo después me contó que se fue a encerrar al baño para hacer esta oración: “Señor, si Chofo se me declara, con él me quedo y cambio”.

Yo no lo sabía, pero esa noche nos hicimos novios y lo primero que me dijo fue: “Ya tengo el nombre para nuestro primer hijo”. No teníamos 5 minutos de novios y ya hablaba de hijos, ¡incluso fue a traer una ropita de bebé y me la enseñó! Teníamos tal seguridad en nuestra relación a pesar de que recién comenzaba.
Algunos se asustan con la idea de hablar de matrimonio y familia durante el noviazgo, pero habría que asustarse si no fuera así porque es síntoma de que no piensan en una relación seria y están jugando. Es necesario hacer planes y soñar juntos con la futura boda, los hijos y la vida familiar. Esa es una forma de afianzar la relación.

A los cuatro meses de noviazgo nos convertimos al Señor y le dijimos: “Queremos hacer las cosa como Tú nos enseñas”. En ese tiempo no había seminarios sobre noviazgo, no teníamos quién nos presidiera y orientara. Aprendimos a salir adelante con el método de ensayo y error.

Ante los problemas, oraba y le pedía a Dios: “Enséñame qué debemos hacer”. Si Dios nos bendijo así, cuánto más bendecirá a  las parejas que le buscan desde el inicio y se consagran a Él para llevar una relación santa. Alégrate porque tienes todo a tu favor para ser feliz en tu noviazgo y matrimonio.

Características del amor
1 Corintios 13: 4-7 nos aclara: “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece;  no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.”
Yo descubrí que efectivamente, el amor todo lo sufre. Debbie y yo éramos muy diferentes en ciertas áreas. Por ejemplo, en mi casa fueron muy estrictos con la responsabilidad de estudiar y era prohibido llevar notas menores a 70 puntos, ¡no digamos perder una clase! Por el contrario, en casa de ella, era todo lo contrario ya que presentar una materia ganada era un triunfo.  Pienso que sus padres no querían que se sintiera mal porque no era buena estudiante.

Otra gran diferencia era que en mi casa no me permitían faltar al colegio ni cuando estaba enfermo. Cierta vez, me regresaron porque tenía fiebre y cuando llegué a casa,i papá me dijo: “Pero no te quedas durmiendo, ve a cortar la grama del jardín”.  De esa forma aprendí a ser responsable y disciplinado. Por el contrario, en casa de Debbie le pedían que no fuera al colegio para ir de compras con la mamá. Faltaba los lunes porque era el primer día de la semana y el viernes porque ya se acercaba el sábado. El día que le pregunté por sus notas y me dijo: “Estoy contenta porque sólo perdí 7 clases”, ¡sentí como si Mike Tyson y Evander Holyfield me pegaran al mismo tiempo!
Yo tenía 18 años y ella 16. Entonces le dije: “Si faltas un día al colegio, no te veo por tres días”. Era un castigo muy fuerte porque nos veíamos a diario. Funcionó hasta una mañana que se presentó en mi casa para llevarme desayuno. Puse una expresión severa y cuando me explicó que había faltado al colegio porque se sentía mal, le dije que se fuera a su casa a dormir y le cerré la puerta en la cara. Lo que yo no sabía era que la mamá la había llevado y la esperaba dentro del carro. Después me contó que le dijo: “Mama, estamos castigadas, vamos a casa”. Desde ese día, nunca más faltó al colegio y se aplicó en los estudios. Mejoró tanto su actitud y notas que nadie se explicaba qué le había sucedido.

Incluso el día de su graduación, fue la seleccionada para ofrecer el discurso de honor. De esa forma, demostró cuánto me amaba porque el día que le cerré la puerta pudo decir: “Este no me tratará así, ¿qué se cree?”, pudo mandarme por un tubo argumentando que yo no tenía porqué pedir que fuera diferente, pero comprendió que deseaba hacerle un bien y decidió cambiar.

Si amas a alguien eres capaz de someterte a un cambio positivo aunque sea difícil y tengas que superar etapas dolorosas. La Palabra dice que el amor todo lo sufre pero no se refiere a que debemos someternos a humillación y maltrato, sino a cambiar para bien. Jesucristo es el mejor ejemplo de un amor que fue capaz de sacrificar todo, incluso la vida. Ese es el amor y compromiso que Debbie demostró.

Las personas que dicen: “Si quieres que cambie es porque no me amas”, están equivocadas y corren el riesgo de destruir su relación.  Deja el orgullo y cambia lo que sea necesario por amor.

En nuestro caso, la actitud de Debbie rindió frutos porque nuestros hijos son buenos estudiantes, aplicados y disciplinados. Amarás a alguien en la medida que estés dispuesto a cambiar tus defectos por esa persona.
Otra gran verdad es que el amor todo lo cree. Es decir que confía y no deja espacio para los celos. Todos somos celosos, incluso Dios lo es porque tiene un celo por nosotros y nos cuida, pero no significa que sea inseguro o posesivo. Él nos da libre albedrío, como nosotros que estamos con nuestra pareja por amor, no por obligación.

Recuerdo que las primeras veces que salimos y alguien se acercaba a Debbie, yo me molestaba aunque nunca me dio motivos para desconfiar. Lo mismo sucedió con ella que tuvo que madurar y dejar de molestarse si alguna amiga me saludaba efusivamente, como sucedió un par de veces. La solución que encontré fue darle siempre su lugar.

Cuando veía alguien conocido, hombre o mujer, inmediatamente la presentaba como mi novia, la mujer más linda del mundo y le daba un gran beso. Entonces, ella se sentía un pavo real.

Las mujeres son como sabuesos que huelen el peligro a kilómetros de distancia y siempre están alerta. Cuidadito le pones más atención a otra porque verás cómo se convierte en el monstruo apocalíptico de 7 cabezas. Nunca se te ocurra desplazarla por algo o alguien, dale siempre el lugar privilegiado en tu vida y serás feliz. El lenguaje del amor que más interpretan se llama valor. Se saben amadas cuando se sienten valoradas. Para mantener saludable la relación, nada debe estar por encima de la mujer que amas. Elimina los celos aprendiendo a no provocar o creer lo indebido.

Tuve que enfrentar el conflicto que me creaba ser el sexto novio de ella, mientras yo siempre me había guardado para tener una sola novia y casarme. Fue una batalla contra la inseguridad que se acabó cuando ya éramos cristianos. Una vez, llegamos al grupo y Debbie saludó a un amigo de lo más natural. Entonces pensé: “Estoy con ella y le creeré que me ama. Hoy se acaban los celos, no le daré lugar a esos pensamientos, confiaré, no puede haber relación de amor si no hay confianza”.

Envías un mensaje de duda  cuando contantemente necesitas  que te digan: “Te amo”. Dios no duda cada vez que le pides perdón y dices arrepentirte de tus pecados. Él no pide: “Dame alabanza porque no sé si me quieres”. Los celos pueden ahogar cualquier relación, especialmente en este tiempo cuando hay tantos recursos como los mensajitos de texto o el facebook. No acoses a tu pareja, dale espacio y confianza. Cuando Debbie me preguntaba a cada momento si la amaba, yo le dije: “O me crees o la duda nos destruirá”. A partir de ese momento decidimos creer.

El amor todo lo soporta ya que no hay relación o pareja perfecta. Nosotros lo aprendimos al resolver los problemas que surgen en el noviazgo, provocados por las diferencias que tenemos como seres humanos. Nos sentimos atraídos por lo que no es idéntico a nosotros. Eso puede verse en la boda. La novia usa un vestido blanco carísimo y el hombre un traje negro alquilado. Ella llega en el mejor carro que pueden conseguirle y el novio tiene que arreglárselas como pueda. A ella le tocan una canción para que desfile, mientras él espera parado al final del pasillo.

Es normal que existan diferencias.
Una buena relación se mide por la capacidad de resolver problemas, no por la ausencia de éstos.  Los problemas debilitan o fortalecen tu noviazgo, superarlos depende de la pareja. Cada persona reacciona diferente ante las dificultades.  Unos se desahogan en el momento y al poco tiempo ni se acuerdan. Otros que se mantienen enojados largo tiempo porque todo se lo guardan, hasta el día que estallan con más fuerza que la bomba atómica de Hiroshima. Hay quienes huyen y no enfrentan.

Identifica cuál es tu forma de reaccionar para definir tus estrategias futuras. Yo, por lo general, soy paciente y escucho, pero cuando me enojo es mejor tener cuidado.  Debbie lo sabe, así que decidimos tener una clave como un semáforo. Ante una discusión, la prevengo cuando estoy pasando de amarillo a rojo para que se aleje y permita que me tranquilice. Luego, yo mismo la llamo y le digo: “mi amor, tenías razón”. Pero si insiste en acosarme con argumentos, las cosas se ponen difíciles, así que es sabia y evita esa situación.
Hombres y mujeres afrontamos de diferente forma los conflictos. Ellas necesitan hablarlo con alguien para ordenar sus ideas.

Es así como las amigas y familiares se enteran de la situación. Por el contrario, los hombres necesitamos callar y calmar el ánimo haciendo otra cosa como ver televisión o jugar fútbol. La Biblia dice: “Mujeres, sean sujetas para que cuando su marido vea su conducta casta y respetuosa que se sujeta en silencio, sea cambiado por la palabra de Dios  al considerar su conducta”.
Aprende este bombazo ante un problema.

Hablar no te ayuda, mejor enciérrate en tu cuarto, pégale a un cojín y desahógate para luego presentarte ante tu pareja con una sonrisa en los labios. De esa forma pones a Dios de tu lado, quien llamará al hombre y lo confrontará por estar enojado con una mujer respetuosa. Créeme, ese momento entre el Señor y el varón es duro ya que lo pone a raya. ¡Ponte las pilas! Logras más con el silencio y el respeto que alegando con palabras ofensivas. En su noviazgo, hagan el compromiso de resolver los problemas con madurez.

Además, el amor todo lo espera. El noviazgo es una época de preguntas que surgen una tras otra: ¿Cuándo se comprometerán?, ¿cuándo se casarán?, ¿cuándo vendrá el primer hijo?  Siempre hay pregunta para el futuro. Debbie y yo tuvimos un noviazgo muy largo porque éramos jóvenes y yo debía graduarme de la universidad antes de casarme. Era una meta que tenía trazada a pesar que Dios año con año me decía: “Si te casas este año te bendeciré”. Comprendí que no era una orden de Su parte, sino una confirmación a nuestro deseo.

El tiempo de casarte no es decisión de Dios sino tuya, según lo que creas conveniente. No necesitas un arcángel para decirte la fecha de la boda, pero sí necesitas seguridad en la bendición. Dios te sigue cuando tomas la decisión.

En todo el tiempo de noviazgo, descubrí que ella necesitaba seguridad en los planes. Una de las mayores necesidades de las mujeres es la seguridad y estabilidad. Los hombres sentimos nervios ante el compromiso porque significa afrontar una gran responsabilidad económica. Por esa razón, evitamos el tema y ellas lo interpretan como inseguridad y desamor, no cómo una preocupación por el futuro de la familia que formarán. Así que es mejor comunicarse y ponerse de acuerdo respecto a los planes.

En nuestro caso, yo le dije claramente a Debbie que no podía casarme hasta que me graduara. Ella tuvo claro el panorama y fue paciente. La mujer no te pide anillo sino una guía, un norte, la orientación clara del camino que lleva la relación. No quiere sentirse usada, sino segura de que al frente hay un hombre que sabe a dónde va. Tal vez no tengas todas las respuestas pero  es necesario tener planes que den seguridad a nuestros pasos. En esta situación, la falta de comunicación es lo que provoca el problema. Dale a tu novia una razón para esperar lo mejor de la relación y el amor florecerá con fe en el futuro.

Consejos para escoger la fecha de la boda
Muchos fundamentan su relación en la situación financiera. Quieren casarse con casa, muebles, carro y buen trabajo. Ser previsor es bueno pero el dinero no debe ser tu prioridad. La vida matrimonial también tiene su encanto al proponerse lograr las cosas juntos, de la mano.

Probablemente cuando piensas en casarte no estás en la mejor edad para comprar casa porque tus ingresos mejorarán con los años y después podrás adquirir algo mejor. No tengan miedo de alquilar. Cierta vez, un judío me dijo que era mejor alquilar casa porque podía movilizarse el día que fuera necesario. Abre tu mente para ver diferentes opciones. No necesitas tener tanto dinero como crees para casarte e iniciar tu familia al lado de la mujer que amas.

La Biblia dice: “A causa de la fornicación, cada uno sepa tener su propia mujer”. Es mejor casarse que estarse quemando por amor. Prefiero parejas que se casen con poco dinero pero en santidad que las que esperan y no se guardan. La santidad debe ser la prioridad de tu relación. De lo contrario, el dios de tu noviazgo es el dinero y no el Señor. Si ya no te aguantas y deseas consumar tu amor, mejor cásate.  Todo noviazgo pasará tentaciones sexuales pero hay que ser fuertes. Lo extraño sería no sentir nada cuando tienes al lado a la persona que amas y te gusta.

El mejor momento para el matrimonio varía en cada relación. Lo importante es tener trazado un futuro que brinde seguridad a tu noviazgo.

La promesa del Señor para las familias
Salmo 128: 1-4 promete: “Bienaventurado todo aquel que teme a Jehová, que anda en sus caminos. Cuando comieres el trabajo de tus manos, bienaventurado serás, y te irá bien. Tu mujer será como vid que lleva fruto a los lados de tu casa; tus hijos como plantas de olivo alrededor de tu mesa. He aquí que así será bendecido el hombre que teme a Jehová. Bendígate Jehová desde Sion, y veas el bien de Jerusalén todos los días de tu vida, y veas a los hijos de tus hijos.”

El hombre que teme a Dios tiene un gran futuro. Le irá bien en su trabajo, su mujer será como vino en la intimidad de su casa, te embriagará de alegría y amor. Tus hijos serán ungidos y se sentarán contigo. Ese futuro es bello, especialmente ahora que vemos tantas familias separadas.
Amplía tu visión. No veas sólo tu noviazgo sino el resto tu vida. Dios no hace promesa para una relación pasajera sino para una familia feliz. El compromiso con tu pareja es el primer paso de lo que Él quiere darte. El Señor no dice que te llevarás bien con quien te comprometas, tendrás una linda boda y una luna de miel inolvidable. Su visión no es tan corta, va más allá y alcanza a tus futuros nietos.

Cuando oras para recibir bendición, debes ponerte de  acuerdo con Él que no quiere darte una flor sino un bosque hermoso.  Piensa en grande como el Señor que ve el nacimiento de un hogar bendito.  Dios está preparando algo que tal vez comprenderás dentro de 20 años.
Respeta a tu novia porque un día tendrás una hija adolescente a quien podrás ver a los ojos y pedirle que se haga respetar. Respeta a tus padres ahora porque ese mismo padre abrazará a tus hijos. Atrévete a ver más allá, tan lejos como tus sueños te lleven, no tengas miedo porque cuando sueñas, el Espíritu comienza a hablar. Los sueños son el idioma del Espíritu Santo que da visiones a los jóvenes.

Debes ver algo distinto a tu situación familiar difícil, divorcios o separaciones. Debes ver un hogar unido, lleno de amor y bienestar. Ahora es el inicio, no veas una pequeña semilla, ni un árbol, sino un gran bosque. Mírate felizmente casado, visualiza tu boda, tu casa y a tus hijos  sanos y benditos.

El amor te hace esperar cosas más grandes. No desperdicies tu fe en lo pequeño, cree por tu futuro lleno de paz y felicidad junto a la familia que formarás con la persona que amas.

Pastor Rodolfo Mendoza
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